| |
Por Marta Barrios
Número
53
Introducción
En
la década de los noventa, se produjo en
el escenario mundial uno de los cambios más
interesantes y revolucionarios a nivel social,
como consecuencia de la tendencia global de reducir
el tamaño de los Estados. En Europa, por
ejemplo, los expertos en desarrollo de las distintas
disciplinas comenzaron a dar cuenta de innovaciones
de un corte más cercano al modelo de mercado
socialista “al mismo tiempo que surgió
el principio de acceso libre y universal, fundamental
para el concepto de estado de bienestar. Esta
combinación de acceso libre en el punto
del envío y una competencia descentralizada
tipo mercado entre los proveedores de servicios,
fue la innovación institucional clave
a la que se le denominó “cuasi-mercado”
(Barlett, Le Grand, 1998) y que produjo la expansión
del paradigma capitalista.
Fueron modificaciones
institucionales importantes en el área
de política pública para “extender
el principio de los mercados y la competencia
a la prestación de servicios” (Barlett,
Le Grand, 1998). Aunque las reformas incluían
la creación de empresas de capital mixto
para la administración de una amplia variedad
de servicios -como educación, salud, vivienda,
atención comunitaria y, en algunos países,
también asistencia legal y orientación
profesional- en este documento centraremos la
mirada en las modificaciones que tuvieron lugar
en el caso de los servicios públicos domiciliarios
de saneamiento básico, a los que haremos
referencia en adelante cuando hablemos de “servicios”.
Centrando de
nuevo la atención en las transformaciones,
las necesidades colectivas que las propiciaron
eran apremiantes. Las empresas de servicios públicos
se habían convertido en entes burocratizados,
con una carga pensional insostenible y estados
financieros deplorables, responsables de una
inversión en infraestructura casi nula
que había hecho entrar en crisis la prestación
de los mismos.
Como ocurre
con todo cambio, las resistencias frente a las
reformas no se hicieron esperar, sobre todo al
interior de los mismos Estados, pero las voces
disonantes quedaron apagadas por las muchas de
aprobación, principalmente entre los usuarios,
que se sentían alentados no sólo
por la posibilidad de recibir unos servicios
más modernos y eficientes además
de una cobertura amplia, sino por tener un tipo
de relación más activa –de
doble vía- con las empresas, que facilitara
la comunicación y mantuviera los conflictos
en su mínima expresión.
Una revisión
de la literatura disponible da cuenta que a largo
plazo las reformas al interior de los Estados
a nivel mundial permanecieron, como resultado
de consensos políticos y liderazgos fuertes
de derecha. “La elección del Gobierno
Conservador de Thatcher en Inglaterra en 1979
y del Presidente Reagan en Estados Unidos en
1980, llevaron al poder a líderes políticos
que estaban comprometidos con convicción
en sacar adelante cambios políticos de
esta naturaleza (...) Esta nueva dirección
política fue respaldada inclusive por
los gobiernos laboralistas de Australia y Nueva
Zelanda” (Peter Self 1993).
A pesar de lo
ingenuo que resulte afirmarlo, el introducir
cambios como los mencionados implicó una
gran variedad de aprendizajes colectivos nuevos.
El reto no era pequeño, y para sacarlo
adelante se necesitó un esfuerzo titánico.
“La ideología del ´Estado
Keynesiano de bienestar´dominó la
política Occidental hasta bien entrada
la década de los 1970´s. Ponía
el énfasis en las propiedades benéficas
del estado al extender el bienestar social y
combatir las debilidades del mercado con intervenciones
selectivas. Este no repudiaba el sistema capitalista,
sino que buscaba una alianza balanceada entre
estado y mercado para alcanzar el crecimiento
económico, mantener el empleo y distribuir
las ganancias del crecimiento económico
de una forma equitativa”(Peter Self, 1993).
El cambiante
panorama económico y social, con fenómenos
como las migraciones y el aumento del desempleo,
fue reforzando el liderazgo personal y programático
de los gobiernos conservadores en el poder, haciendo
más difícil cualquier intento de
revertir los cambios o de ceder ante los intereses
de los grupos de presión encabezados por
“aquellos contribuyentes y consumidores
quienes tuvieron que llevar a cuestas la carga
de las muchas concesiones hechas para satisfacer
los intereses particulares de sus gobiernos durante
el largo período de la post- guerra para
expandir el tamaño de los mismos”
(Peter Self 1993). A pesar de esto, la decisión
política de reducir la inflación
y el gasto público se trató de
mantener, en contraposición de la presión
de impulsar el gasto militar.
Esta lucha entre
tendencias contrapuestas en las políticas
económicas tuvo un impacto negativo en
la reducción de la pobreza en Europa y
América con su consecuente impacto también
negativo en la opinión pública.
Sin embargo, a largo plazo ya había una
tendencia irreversible dentro del Estado de disminuir
el paternalismo estatal. Siguiendo a Self, en
ese escenario “la manera más sencilla
de reducir el tamaño del estado fue vender
los bienes públicos a los inversionistas
privados” (Peter Self, 1993).
Por otra parte,
en América Latina las estructuras municipales
de las ciudades también estaban sufriendo
los estragos de una urbanización acelerada
que agravaba el panorama. Los consumidores se
quejaban de las deficiencias en la prestación
de los servicios y una negligente atención
al cliente, mientras que las condiciones de sanitarias
empeoraban. De acuerdo con Nickson, a mediados
de los noventa “el rango de la población
de la región que vivía en asentamientos
urbanos de más de 20.000 habitantes era
susceptible de aumentar de 72% en 1990 a 77%
en 2000. Casi todos los municipios con una población
de más de 20.000 proporcionan a sus ciudadanos
alguna forma de manejo rudimentario de residuos
sólidos, electricidad, construcción
y mantenimiento de vías.” (Andrew
Nickson, 1995). Esto en la práctica significaba
que el gobierno municipal también se constituía
en un empleador importante, aunque poco eficiente.
Por su parte,
en el escenario latinoamericano soplaban vientos
de crisis. Como lo aseguran estudiosos del tema
(Ramos J y Sunkel O, 1993), a lo largo de la
década de los ochenta, el ingreso per
cápita en la región cayó
bien por debajo de los niveles de los setenta,
una tendencia que no ha podido ser revertida
todavía en la mayoría de los países,
con efectos sociales devastadores y consecuencias
políticas impredecibles. “Debido
a este panorama sombrío, dicen los investigadores,
a los ochenta se les conoce como la década
perdida en el desarrollo Latinoamericano. La
crisis nos se limita a los asuntos económicos
y sociales: también hay una crisis de
ideas” (Ramos J y Sunkel O, 1993).
De acuerdo a
lo anterior, parecería ser que no quedaba
alternativa distinta a reproducir en la región
las reformas en la estructura del Estado que
los gobiernos conservadores mencionados anteriormente
habían implementado en Europa y Estados
Unidos.
Sin embargo,
como bien lo menciona Sunkel, “Latinoamérica
posee una rica tradición de pensamiento
autónomo e independiente” (Ramos
J y Sunkel O, 1993) en el campo del desarrollo,
que parece no haberse tenido suficientemente
en cuenta al momento de poner en marcha los aprendizajes
nuevos inherentes a las reformas sociales, en
un contexto en donde coexisten en forma permanente
condiciones pre-modernas y modernas.
Esta descripción
del escenario Latinoamericano se repite en Colombia,
aunque con una ventaja en relación con
los otros países, proveniente de la estructura
institucional del gobierno. Como dice Nickson,
“durante varias décadas, las finanzas
municipales en Colombia eran más fuertes
que el promedio en América Latina y se
habían llegado a fortalecer aún
más con ocasión de las reformas
fiscales recientes (...) Durante los ochenta,
el crecimiento en su propia generación
local de impuestos le seguía el paso a
las transferencias recibidas del gobierno central”
(Andrew Nickson, 1995).
Volviendo a
la estructura organizativa, a mediados de esa
década comenzaron con ímpetu a
darse varios procesos de reducción del
Estado y de descentralización, que de
acuerdo con el historiador Gustavo Bell Lemus,
se presentaron con frecuencia bajo la envoltura
de una necesidad estatal de incrementar la eficiencia
y la efectividad en la provisión de servicios,
pero que tenían “raíces históricas
profundas en Colombia.” Tan profundas,
como algunas de las prácticas cotidianas
de la clase política que se resistían
a abandonar los beneficios de disponer de plazas
en donde fortalecer su plataforma electoral y
perpetuarse en el ejercicio de cargos públicos.
Siguiendo con
Bell, quien fue Vicepresidente de Colombia durante
el gobierno Gaviria (Gustavo Bell Lemus, 1998),
uno de los sectores que ejemplifica mejor los
retos de la descentralización es el del
agua, concretamente la administración
de acueductos. Comentando el caso del departamento
del Atlántico, de donde es oriundo y fue
gobernador, Bell hace un recuento de los intentos
frustrados de organizar los aspectos técnicos,
administrativos e institucionales del suministro
de agua, situación que en su momento se
atribuyó -como se mencionó antes-
a la “falta de voluntad política
de los alcaldes, quienes ven en los servicios
públicos una fuente de burocracia y de
manejo de situaciones de carácter político
afectando con esa actitud, la buena marcha de
los servicios” (Gustavo Bell Lemus, 1994).
En ese estado
de cosas, el esquema de crear una empresa a finales
de los noventa con capital privado extranjero
y estatal, que se hiciera cargo de los servicios
de saneamiento básico, parecía
ser la solución ideal.
Aproximadamente
una década después, la cobertura
en Barranquilla se acerca al 100%, los problemas
sanitarios se han reducido a su mínima
expresión y los usuarios reconocen que
reciben un servicio puntual y eficiente. Sin
embargo, las empresas se quejan de las dificultades
para mantener el punto de equilibrio en sus finanzas
por la deficiente cultura de pago de la población,
en particular, la de los sectores más
deprimidos, sus usuarios más recientes.
La aproximación
a la realidad social de las comunidades como
la del Sur Occidente de Barranquilla, revela
la presencia de varias otras paradojas. En la
revisión de los factores que pudieran
explicar esta situación se encuentran
reflexiones sobre algunos factores socioculturales
y educativos que ocuparon un lugar discreto en
la etapa de planeación e implementación
de los servicios en Barranquilla y que pudieran
ayudar a comprender la presencia de situaciones
similares en otros municipios de Colombia y América
Latina.
El presente
texto analiza a la luz de teorías sociales
como La Construcción Social de la Realidad,
la de Representaciones Sociales y la de Difusión
de Innovaciones, la problemática que afecta
al Sur Occidente de Barranquilla a partir de
la implementación de los servicios de
saneamiento básico. A través de
investigación documental, observación
y entrevistas con usuarios, apunta a reflexionar
sobre una situación que a mediano plazo
podría generar una segunda crisis en los
servicios públicos domiciliarios a nivel
local, y propone un escenario de investigación
desde las ciencias sociales que pudiera contribuir
a evitarla.
Una
experiencia en el Caribe Colombiano. El Caso
de Barranquilla
El Sur Occidente se encuentra en Barranquilla,
una ciudad colombiana de millón y medio
de habitantes situada a orillas del Mar Caribe,
y es uno de los casos más interesantes
de la dinámica social descrita.
Más allá
de los límites geográficos, resulta
un conglomerado social y cultural autónomo,
en donde se vislumbra mayoritariamente un estilo
de vida pre-moderno, a pesar de quedar ubicado
a tan sólo 30 minutos del norte de la
ciudad, donde sus habitantes llevan un estilo
de vida cercano al de los países desarrollados.
Existen zonas
de alto riesgo por deslizamientos de tierra en
donde, a pesar de las advertencias de las autoridades,
se ubican los colonos de menos recursos económicos
y, últimamente, un buen número
de desplazados por la violencia política
que han traído sus tristezas a los barrios
humildes y el área metropolitana de la
capital del Atlántico.
A pesar de la
pobreza generalizada, existen viviendas ubicadas
junto a las vías principales, que evidencian
una capacidad financiera mayor por parte de sus
habitantes. En contraste, existen sectores muy
deprimidos, localizados en términos generales
en las inmediaciones de zonas de alto riesgo
como arroyos y laderas. Allí proliferan
las viviendas de una sola habitación,
con paredes y techos de tabla, que en ocasiones
se reducen a sólo plástico. Otro
elemento que se repite en el paisaje lo constituyen
las iglesias y pequeñas escuelas que tienen
las distintas religiones entre las que se cuentan
evangélicos, cristianos, miembros de la
Iglesia Presbiteriana Reformada, del Centro Misionero
Cristo Viene Pronto, y algunas misiones europeas
como la iglesia católica de San Carlos
Borromeo; sin embargo, la religión católica
–la fe que profesa la mayor parte de los
44 millones de colombianos- parecería
estar en minoría.
Los habitantes
del Sur Occidente subsisten en su mayoría
a partir de una economía informal, lo
que hace proliferar en el sector los carros de
tracción animal que expenden víveres,
pequeñas tiendas y misceláneas,
ferreterías y confecciones caseras de
productos alimenticios.
Ha sido un sector
tradicionalmente olvidado por el Estado, con
pocas escuelas, puestos de salud y sitios de
recreación. Hay árboles frondosos
en los frentes, y en los patios se pueden hallar
con frecuencia frutales y hortalizas. Por cierto,
buena parte de la vida de estas personas se desarrolla
en los patios, que sirven de baños, lugares
de almacenamiento de agua, lavaderos, sitios
de juegos y tertulias, entre otros.
En cuanto a
la infraestructura básica, carecen de
adecuadas vías de acceso a sus viviendas
y, hasta cuando empezó el Plan de Inversiones
en Saneamiento Básico, adolecían
de los servicios de agua, alcantarillado y aseo.
En este momento, el 99% de la población
ya está disfrutando del servicio de acueducto
y el 96% posee el de alcantarillado. En cuanto
a la infraestructura eléctrica, el servicio
no está regularizado en su totalidad y
el paisaje se encuentra invadido de “telarañas”
de conexiones irregulares desde los postes de
alumbrado público hasta las viviendas.
Durante un lapso
de tres años, a partir de 1999, el Estado,
a través del Distrito y la empresa española
privada Triple A, colocaron en esta área
de 2.000 hectáreas y 53 barrios, 317 kilómetros
de redes de acueducto y 371 kilómetros
de redes de alcantarillado, con una inversión
total de 74 mil millones de pesos.
De la
totuma al grifo: venturas y sinsabores del tránsito
a la modernidad
Para quienes viven en la Costa Atlántica
colombiana la totuma es un elemento cultural
que no necesita explicación. Se trata
de una vasija de origen vegetal y utilidad múltiple
que se logra después de haber puesto a
secar al sol el fruto de una especie de calabaza,
que en lugar de crecer a ras de suelo, como las
que sirven de ornamento en la celebración
anglosajona del Halloween, se divisan relucientes
en las copas de unos árboles frondosos
de unos cinco metros de alto en los potreros
de la región.
De acuerdo con
la forma que se le dé al recipiente y
del tamaño del fruto, la totuma sirve
para almacenar bebidas alcohólicas o de
maíz, arroz o millo, cereales que sirven
de alimento a la mayoría de la población
pobre de la región. También se
puede usar como tazón individual para
degustarlas o para servirse unas suculentas sopas
de verduras y animales de corral que conocemos
como “sancochos”. Pero su utilización
doméstica va más allá. Como
la mayoría de la población rural
no cuenta con servicios de saneamiento básico,
se ve forzada a acumular agua en vasijas y otros
recipientes, la totuma sirve para sacar pequeñas
porciones del líquido, las veces que se
necesite, para cocinar, lavar o hacerse el aseo
personal. Es un tazón liviano y resistente
que la naturaleza proporciona en abundancia que
no puede faltar en las residencias de la zona
rural y los barrios humildes del área
urbana.
Como objeto
cultural y símbolo de identidad en esta
región, la totuma parece estar ganándole
la partida al grifo, en las decisiones de los
nuevos usuarios de servicios públicos
domiciliarios de la Costa Atlántica colombiana,
quienes muchas veces prefieren seguir utilizando
la totuma para sacar agua acumulada, en lugar
de abrir los grifos recién instalados
y servirse el líquido que necesitan. Es
decir, prefieren seguir bañándose
con totumas a darse un duchazo y lavar la ropa
o los trastos de cocina en la misma forma, en
lugar de dejar correr el agua que necesitan directamente
del grifo.
Este es uno
de los escollos culturales con los que tienen
que lidiar cada día las empresas de servicios
públicos de capital estatal local, y privado
de origen foráneo, que tratan de poner
en funcionamiento en este contexto socio cultural,
el modelo de reducción del Estado, el
paradigma social que desde finales de los ochenta
ha provocado transformaciones audaces en procura
de un mayor desarrollo y que ha probado sus bondades
en otros contextos. Sin embargo, la celeridad
con la que se producen las transformaciones se
reduce como consecuencia de los comportamientos
y hábitos arraigados dentro de la población.
Somos unidos.
El vecino le pasa a uno la manguera en la noche
para almacenar agua y si uno tiene buen corazón,
le pasa un billetico... dos mil pesos, tres
mil pesos.
Yo por lo menos
voy donde mi mamá, arreo mi tanquecito
de agua, un tanque de doce latas, y lo mantengo
ahí, todo es para el servicio de la casa.
Hablando de
hábitos, nosotros acostumbramos a hervir
el agua, porque uno nunca sabe, lo que hacemos
pocas veces ya es regar las calles.
A pesar de lo
que pudieran sugerir, los testimonios reseñados
se recogieron el año anterior, doce meses
después de haberse concluido de manera
oficial los trabajos de instalación de
la infraestructura de servicios públicos
domiciliarios descrita. Se producen a pesar que
quienes viven en estas reconocen estar recibiendo
de manera permanente los servicios de acueducto,
alcantarillado y aseo, califican la prestación
del servicio como eficiente y manifiestan que
desde entonces la vida les ha cambiado en forma
positiva.
Sin embargo,
los hábitos que mantienen y las imágenes
mentales con que describen su aproximación
a los servicios básicos, con frecuencia
parecerían indicar lo contrario. Así,
la utilización de vasijas para almacenar
agua, el sacar el líquido de los recipientes
con totuma en lugar de utilizar el grifo, la
demora en instalar el alcantarillado al interior
de las viviendas y el mantenimiento de hábitos
perjudiciales de aseo como quemar las basuras
en lugar de depositarlas en el camión
recolector, dan fe que el tránsito de
la totuma al grifo no ha sido un camino cubierto
–ni mucho menos- con pétalos de
rosas.
El comprender
la paradoja de estar en presencia de actitudes
que se pudieran interpretar como rechazo a la
innovación de contar con un servicio de
saneamiento básico eficiente y moderno
en forma permanente, motivó la decisión
de realizar un acercamiento más profundo.
Trazos
iniciales de la aproximación a la realidad
social
Para comenzar a darle forma a la realidad de
los servicios públicos, hay que conocer
las características generales de la comunidad.
Por tal razón, resulta conveniente establecer
con precisión algunos datos de carácter
sociodemográfico como el estrato socioeconómico,
la estructura familiar, el tipo de trabajo que
desempeñan los jefes de familia, si trabaja
más de un miembro, cuál es su nivel
de ingresos, el promedio de gastos familiares
y la forma de darle prioridad a los gastos, entre
otros.
Así mismo,
no sólo hay que conocer a la gente sino
que resulta conveniente indagar datos relacionados
con las características de la vivienda,
el entorno que la rodea, la propiedad y los servicios
públicos que tiene la población.
A partir de
allí, resulta apropiado sugerir centrar
la atención en el conocimiento de esa
colectividad en las áreas que tienen relación
con el saneamiento básico. Aspectos como
acceso a los servicios domiciliarios, relación
consumo- cobro, satisfacción por el servicio,
la forma de manejar el dinero, usos, hábitos,
reacción frente a los posibles cortes
en el suministro, redes sociales, lideres comunitarios,
personajes de tradición, identificación
de representantes de las empresas de servicios
de saneamiento básico domiciliario y las
necesidades sociales más apremiantes de
la comunidad, entre otras posibilidades.
Se sugiere trabajar
en la identificación de las representaciones
sociales, esto es, la realidad simbólica
asociada a la apropiación de los servicios
de saneamiento básico como innovación.
Así, con respecto al servicio, se considera
pertinente centrar la atención en el conocimiento,
acceso, motivación, sentido de justicia
y satisfacción de los usuarios. El acercamiento
podría llevar a comprender las emociones,
percepciones, imágenes mentales, hábitos
y tradiciones que mantiene este grupo humano
en relación con los servicios de saneamiento
básico. Por último, pero no por
ello menos importante, se busca develar las redes
sociales que se encuentran visibles dentro de
esta comunidad, con el objeto de facilitar cualquier
esfuerzo posterior de intervención.
Por supuesto,
acometer una investigación de este tipo
en una sola etapa implica una gran inversión
de recursos tanto financieros como humanos y
técnicos, pero de la precisión
con que asumamos el reto de conocer de cerca
una comunidad tan rica en características
sociales depende en gran medida el éxito
de las transformaciones sociales que se quieran
llevar a cabo con ella.
Hacia
una propuesta de investigación: El desafío
teórico
El abordaje teórico que se necesita para
dar cuenta de una realidad tan compleja, puede
constituirse en el intento de poner en diálogo
armónico los conceptos de autores que
provienen de distintas disciplinas de las ciencias
sociales como la sociología, la comunicación
para el cambio social y la psicología
social cognitiva, con el fin de contar con mayores
elementos de juicio para la comprensión
de la vida cotidiana y la aproximación
a los servicios públicos de los habitantes
del Sur Occidente de Barranquilla que disfrutan
en forma reciente del servicio de saneamiento
básico.
Esta postura
coincide con la de los estudiosos que afirman
que los temas culturales deben ser abordados
desde una óptica transdisciplinaria para
que el análisis desborde los lineamientos
parciales de cada ciencia y proporcione una mirada
integrada de la realidad.
En el caso que
nos ocupa se propone acudir a la sociología
del conocimiento, concretamente a la mirada de
la Construcción Social de la Realidad
de Peter Berger y Thomas Luckmann, cuyos postulados
desarrolla en una forma más operativa
Serge Moscovici.
Así,
en la Construcción Social de la Realidad,
(Berger y Luckmann,1998) los autores plantean
que existe una diferencia entre la realidad “real”
y la realidad “simbólica”
que no resulta evidente a los ojos de los individuos.
En este sentido, real es lo que las percepciones
particulares de los individuos y los grupos califican
como tal. Para decirlo en otras palabras, las
cosas son como son... y como las queremos ver.
En ese orden
de ideas, las ventajas que tiene contar con el
servicio de saneamiento básico, no necesariamente
tienen que parecer claras a los ojos de los usuarios
del Sur Occidente, por lo menos no todas. Esto,
debido a los hábitos y esquemas mentales
–habituaciones y tipificaciones- con que
construyen su particular universo simbólico.
Las habituaciones, como sugiere su nombre, son
los hábitos que se desarrollan en el transcurso
de la interacción humana que, cuando se
repiten una y otra vez se mecanizan, logrando
que en el futuro aparezcan en forma automática,
sin que medie la conciencia. Cuando esto ocurre,
según los autores, se habla de conductas
tipificadas, o tipificaciones, que se arraigan
en la tradición y en los esquemas mentales
de los individuos y los grupos imprimiéndoles
un sentido cohesionado, o más o menos
homogéneo, a sus acciones.
En el tema que
nos ocupa, los hábitos de uso de los servicios
de saneamiento básico -acueducto, alcantarillado
y aseo- de la población del Sur Occidente,
los esquemas mentales arraigados relacionados
con los servicios públicos antes de la
implementación de la nueva infraestructura
de saneamiento, pueden constituirse en un factor
adverso a las intenciones de los agentes de cambio.
Pueden terminar actuando en contra de la dignificación
de los mismos habitantes como grupo y de su propia
necesidad de contar con unas condiciones de vida
menos duras, en consonancia con los ideales de
la modernidad.
Por lo anterior,
se estima conveniente, entonces, incluir en el
análisis los postulados de Everett Rogers,
un estudioso de la comunicación para el
cambio social, que ha dedicado su producción
académica a explicar la forma en la cual
los aprendizajes nuevos – las innovaciones-
se difunden en la sociedad, cuáles son
las etapas en las que esto ocurre, en qué
casos resulta pertinente utilizar la comunicación
interpersonal y en cuáles la comunicación
masiva, entre otros temas.
En este orden
de ideas se propone entonces entender el proceso
de difusión del aprendizaje nuevo que
constituye para los habitantes del Sur Occidente
contar con los servicios públicos, a la
luz de algunos aspectos de la teoría de
Difusión de Innovaciones. Vale la pena
hacer la salvedad que si bien el conocimiento
sobre la existencia de los servicios de saneamiento
básico para esa población y su
pago mensual a través de un recibo no
constituyen una innovación, sí
lo es la incorporación de los mismos en
la vida cotidiana de esa comunidad y el hecho
que para hacerlo tengan que abandonar hábitos
muy arraigados que muchos llegan a considerar
como elementos de cohesión social, como
el acumular agua en vasijas.
Específicamente,
creemos pertinente tomar de este cuerpo de conocimientos
la relación reconocimiento-percepción-acogida,
mediante la identificación dentro de la
comunidad de líderes y redes sociales
que pudieran estar involucrados en el proceso
de cambio de los hábitos viejos por nuevos,
a partir del conocimiento de las ventajas que
se derivan de la puesta en marcha del sistema
de saneamiento básico.
Para Rogers,
uno de los objetivos implícitos o explícitos
de muchos estudios de difusión de las
innovaciones ha sido determinar los métodos
mediante los cuales pudiera apresurarse el proceso
de difusión de las prácticas nuevas,
incluyendo la identificación y comprensión
de las imágenes mentales colectivas –representaciones
sociales- que están asociadas al uso de
la innovación.
En la identificación
de estas imágenes mentales resulta útil
revisar los atributos de la innovación.
Es decir, saber hasta qué punto los individuos
conocen las ventajas de ésta, perciben
que es compatible con los valores actuales que
comparten como colectividad, si les resulta compleja
de entender o usar, si están dispuestos
a llevar a cabo una prueba y si creen que esta
innovación es observable para los otros.
El proceso de
pensamiento que ocurre en el interior de los
individuos antes de adoptar una innovación,
ha sido estudiado en detalle por Rogers y sus
colegas. Este proceso consiste en una serie de
acciones que los llevan a trascender la incertidumbre
que genera adoptar una nueva idea que reemplace
a un hábito antiguo.
Muchas de las
prácticas sociales que se quieren modificar
con la tecnología innovadora de servicios
públicos que se instaló en el Sur
Occidente, constituyen lazos estrechos de vínculo
social e identidad colectiva para los habitantes
de esta zona de Barranquilla. En efecto, dejar
de acumular agua en vasijas o bañarse
con totumas; utilizar el alcantarillado en lugar
de las bacinillas o letrinas; o servirse del
camión del aseo en vez de quemar las basuras,
resultan cambios gigantes.
Para estas comunidades
en donde coexisten realidades pre-modernas con
modernas, donde sienten lejana la acción
del Estado para mejorar su calidad de vida, donde
se adolece de educación sobre hábitos
sanitarios, estas prácticas asociadas
al uso de servicios públicos, pueden representar
elementos de cohesión social muy fuertes.
En este sentido,
según la Teoría de Difusión
Social de Innovaciones, los comportamientos sólo
pueden modificarse cuando el agente de cambio
resulta eficaz en transmitir un conocimiento
tal sobre la innovación que la misma comunidad
sienta la necesidad de utilizarla. “El
proceso de decisión sobre una innovación
es esencialmente una actividad de búsqueda
de información y procesamiento de información
en la cual el individuo está motivado
a reducir las incertidumbres sobre las ventajas
y desventajas de una innovación. Una innovación
típicamente viene con preguntas como:
¿cuál es la innovación?,
¿cómo funciona?, ¿por qué
funciona?. “ (Everett Rogers, 2003)
La respuesta
a las tres preguntas anteriores revela tres fases
del conocimiento sobre una innovación
que el autor ha denominado: conocimiento
sobre su existencia, conocimiento de cómo
se usa, conocimiento de los principios que
permiten que la innovación funcione. Según
Rogers, este último conocimiento es el
que se necesita profundizar para permitir que
las comunidades acepten prácticas asociadas
a los hábitos sanitarios. En palabras
del autor, “la noción de la teoría
de los gérmenes, subyace en (la aceptación)
del funcionamiento del agua hervida, las vacunas
y las letrinas en las campañas sanitarias
de los municipios”. (Everett Rogers, 2003)
Es decir, de acuerdo a los estudios de Rogers,
aunque es posible adoptar una innovación
sin el conocimiento de la base conceptual que
justifica su uso, se corre un gran riesgo de
que se utilice en forma equivocada o se interrumpa
su uso después de haberla probado.
Al hablar de
conocimiento y difusión en la sociedad
tenemos que remitirnos necesariamente a la herramienta
que se utiliza para cumplir el proceso: la comunicación.
Precisamente, el segundo elemento para la Difusión
de Innovaciones es la Comunicación,
la interacción humana en la cual una persona
transmite a otra la nueva idea. Rogers hizo especial
énfasis en este ítem, considerándolo
como el factor socio-psicológico básico
del cambio social. Inclusive llegó más
allá al asegurar que “el cambio
social y el desarrollo económico pueden
concebirse ventajosamente como problemas de comunicación”.
(Everett Rogers, 2003)
La difusión
de las innovaciones es el proceso mediante el
cual se comunica una innovación; la divulgación
de una idea nueva desde su fuente de invención
o creación hasta sus últimos usuarios
o adeptos. Esta comunicación puede darse
a través de dos tipos de mediaciones:
interpersonales o masivas, pero siempre es vista
como,
Un proceso
en el cual los participantes crean y comparten
información el uno con el otro hasta
alcanzar un entendimiento mutuo. Esta definición
implica que la comunicación es un proceso
de convergencia (o divergencia) en el cual dos
o más individuos intercambian información
para moverse hacia el otro (o apartarse) en
el entendimiento que ellos tienen de ciertos
eventos. Nosotros consideramos la comunicación
como un proceso de doble vía, de convergencia,
más que como un acto de una sola vía,
de carácter lineal, una acción
a través de la cual los individuos buscan
transferir un mensaje a los otros (Everett Rogers,
2003).
Ambas formas
de mediación -interpersonal o masiva-
según Rogers resultan de utilidad para
comunicar conocimientos relacionados con la difusión
de innovaciones, en etapas distintas del proceso
de adopción. Es decir, los medios de comunicación
de masas resultan muy útiles en la etapa
temprana del proceso, cuando es necesario informar
de la existencia de la innovación y las
ventajas que ésta tiene frente a la idea
que la precede. Sin embargo, una vez que su existencia
es conocida entre la comunidad, se necesitan
utilizar los canales interpersonales de comunicación
para lograr que los individuos se arriesguen
a probar y posteriormente adoptar para sí
mismos lo que se proponen.
Estos canales
interpersonales para Rogers no son otra cosa
que los líderes naturales de opinión
con que cuentan todos los grupos humanos.
Los define como “aquellos individuos en
los cuales los demás buscan información
y consejo.” (Everett Rogers, 2003) Muy
a menudo son miembros del sistema social sobre
el que ejercen influencia, tomando en cuenta
el concepto de homofilia, trabajado
por Rogers en su teoría. El principio
de comunicación y aprendizaje homofílico
es muy sencillo: la difusión resulta más
eficaz cuando la transmiten iguales. En este
aspecto en particular, Rogers siguió
a su antecesor Gabriel Tarde al remarcar
el papel crucial que cumplen los líderes
de opinión en la difusión de las
innovaciones en sus respectivas comunidades.
De igual forma
el autor consideró muy importante el papel
de la comunicación interpersonal heterofílica,
es decir, la que proviene de alguien externo
al grupo humano, porque ese agente de cambio
se encuentra revestido de autoridad y posee un
mayor cúmulo de conocimientos.
En un estudio
de este tipo en el Sur Occidente de Barranquilla,
se pueden identificar los líderes de opinión
que esa comunidad hace visibles, con el propósito
de utilizar esta información en una etapa
posterior de intervención, en la que se
implementen estrategias para acelerar el proceso
de difusión de innovaciones relacionadas
con el uso de los servicios de agua, alcantarillado
y aseo, además de cambiar las representaciones
simbólicas que tienen asociadas a los
servicios públicos domiciliarios.
Por otra parte,
entre los factores que coadyuvan a reducir el
tiempo de difusión de las innovaciones,
están los valores sociales de cada grupo
humano en particular. En efecto, para Rogers,
el que los miembros de determinada comunidad
sean calificados como tradicionalistas o
cosmopolitas resulta definitivo en el
proceso de difusión. Para esto, el autor
basó sus observaciones en el grado de
exposición externa que tiene el grupo
social, es decir, la cantidad y cualidad de las
interacciones de sus miembros con el exterior,
no sólo al nivel de exposición
a los medios de comunicación de masas,
sino a partir de la interacción humana
con individuos pertenecientes a otros contextos
sociales.
El tercer factor
que resaltó es el Sistema Social que
calificó como una población de
individuos funcionalmente diferenciados que se
hallan comprometidos en la solución de
problemas comunes. Para Rogers, individuo
puede ser un grupo establecido de manera formal,
una población escolar o una empresa.
Dentro del sistema
social, Rogers mencionó tres aspectos
clave: la norma, la educación y el
estatus dentro de la sociedad y, la condición
de cosmopolita del individuo. A esta última
la definió como el grado de orientación
externa hacia un sistema social particular que
tienen los miembros de cada comunidad. Las normas
del sistema social y la posición de los
individuos en la estructura social del sistema,
afectan la difusión de las ideas.
La norma social
para Rogers es un modelo o patrón de conducta
dentro de un sistema social. En este sistema,
las normas pueden ser tradicionales y desalentar
la adopción de nuevas ideas o pueden ser
modernas y estimular el uso de las innovaciones.
Naturalmente, “un individuo puede ser miembro
de más de un sistema social y las normas
de cada uno de esos sistemas sociales pueden
variar dentro del continuum tradicional-moderno.”
(Everett Rogers, 2003)
De acuerdo con
las apreciaciones de Rogers, la difusión
social de una nueva tecnología en la sociedad
se encuentra con diferentes tipos de individuos,
quienes en primer término, pudieron haber
oído acerca de la innovación a
través de algún medio de comunicación
masivo.
Por último,
en este contexto teórico, el Tiempo
es el lapso que transcurre entre la primera
información que se tiene acerca de
una innovación, hasta su adopción
final. La adopción es la decisión
de persistir en el uso total de la innovación.
En este proceso hay cinco etapas: conocimiento,
interés, evaluación, ensayo y adopción.
Pueden presentarse usos discontinuos de la innovación
que se interpretan como rechazo.
La descripción
de los anteriores lineamientos teóricos,
permitiría trazar un horizonte sólido
para la comprensión del proceso particular
que ha sufrido la incorporación de una
nueva tecnología social para la población
del Sur Occidente de Barranquilla. El éxito
obtenido en la comprensión de la comunidad
como grupo humano y el entendimiento del impacto
cultural que generan los nuevos aprendizajes
asociados a la tecnología de servicios
públicos, podría coadyuvar de manera
positiva en la sostenibilidad económica
de los planes de inversiones del Distrito y las
empresas de servicios públicos domiciliarios.
Una
mirada a la Teoría de la Representaciones
Sociales
Comprender cómo se ha difundido la tecnología
de los servicios públicos en el Sur Occidente
sería un ejercicio incompleto si no se
tienen en cuenta los imaginarios, las creencias
y las valoraciones sobre los servicios públicos
que han creado y que comparten en la actualidad
los beneficiarios directos.
En este sentido,
abocados como investigadores a dar cuenta de
una realidad social tan compleja, podríamos
apoyarnos en el psicólogo social de origen
francés Serge Moscovici, quien elabora
la teoría de la Representación
Social “para comprender el impacto de la
difusión de los conocimientos científicos
y tecnológicos, y los trastornos que esto
produce a niveles lingüísticos, intelectuales,
culturales, simbólicos...” (Serge
Moscovici, 1981) En otras palabras, en su obra,
el autor determina cómo las representaciones
sociales se ven transformadas y enriquecidas
por los nuevos conocimientos adquiridos a través
del proceso de socialización. Este cuerpo
de conocimientos resulta convergente con la teoría
de Rogers en varios de sus aspectos, centrando
su atención en los procesos mentales –símbolos-
que construye la gente.
Moscovici subraya
el carácter orientador de la representación
social en las respuestas sociales de los sujetos,
resaltando su papel de filtro y de interpretador
de la realidad, lo cual predispone a la acción.
En consecuencia, la representación social
que posean las personas de un objeto social cualquiera
resulta de suma importancia, ya que determinará
en gran medida los comportamientos y actitudes
de estas personas en función de ese objeto
social.
Las representaciones
sociales son modelos de pensamiento que se crean
y recrean a través de las interacciones
con los demás, por lo tanto, tienen un
carácter dinámico. Su cara constante
es su uso como instrumento para entender y comunicar
la realidad y lograr el dominio del entorno social.
Esto se consigue gracias a que están constituidas
por elementos simbólicos e imágenes
que resumen un conjunto de significados y de
categorías que sirven para clasificar
acontecimientos y personas.
A partir de
lo anterior surgen teorías que permiten
al individuo posicionarse frente a la realidad.
Para lograrlo, éste debe entonces aprehender
los paradigmas o formas de ver la realidad que
imperan en su cultura y en su sub-cultura, los
símbolos y sus significados sociales,
el lenguaje de su entorno, los valores, las reglas
de comportamiento, el carácter moral de
sus acciones, etc. Así podrá desenvolverse
efectivamente en su campo social, sin que esto
signifique colocar lo individual por debajo de
lo social.
Para Moscovici
estas representaciones constituyen un “conjunto
de conceptos, declaraciones y explicaciones originadas
en la vida cotidiana, en el curso de las comunicaciones
interindividuales. Equivalen en nuestra sociedad,
a los mitos y sistemas de creencias de las sociedades
tradicionales; puede incluso afirmarse que son
la versión contemporánea del sentido
común” (Serge Moscovici, 1981)
En este sentido,
las representaciones sociales surgen en sociedades
heterodoxas, donde se encuentran distintas opiniones,
presentándose la necesidad de llegar a
acuerdos para poder convivir. Esto se logra a
través de los procesos de objetivación
y anclaje, mediante los cuales un objeto -situación,
cosa, persona, conocimiento- se transforma en
objeto social, entrando a formar parte del sentido
común o conocimiento socialmente compartido.
Las raíces
de las representaciones sociales están
en las experiencias, las informaciones, los conocimientos
y los modelos de pensamiento que se reciben y
se transmiten a través de la tradición,
la educación, la comunicación interpersonal
y la masiva. Por eso las representaciones sociales
son, en muchos aspectos, un conocimiento socialmente
elaborado y compartido; intentan explicar los
fenómenos que se presentan o surgen en
el campo de vida del individuo, influyen a otras
personas e interactúan con ellas cuando
lo compartimos y dan sentido a acontecimientos
que terminan por sernos habituales. Por ende
participan en la construcción social de
la realidad.
Lo anterior
se logra a partir de la Objetivación,
que es el proceso por medio del cual un conocimiento,
una idea que pertenece al plano de lo abstracto
se transforma en algo concreto y material, es
decir, el concepto se convierte en imagen, se
trata de acoplar la palabra al objeto.
En este esfuerzo
de asimilación de una idea a una cultura
sucede que la idea o conocimiento queda impregnado
por los valores, la ideología y los lineamientos
de la sociedad que le está asimilando;
como aclara Moscovici, “el individuo reconstruye
el objeto entre lo que nos es familiar para poder
controlarlo, constituyéndose así,
un conocimiento personal no científico”
(Elisa Knapp, 2003). Lo anterior sucede en tres
fases: selección y descontextualización,
formación del esquema o núcleo
figurativo y naturalización.
Con respecto
a la primera, llamada también construcción
selectiva, el autor menciona que ocurre a partir
de la selección que hace el sujeto de
informaciones que recoge de su entorno y de sus
propios conocimientos, en función del
estatus socioeconómico, las representaciones
previas y la concepción que tenga el sujeto
de su entorno y de sí mismo. Por otro
lado, la descontextualización le permite
al sujeto hacer comprensible la idea echando
mano de elementos existentes en su universo social.
Por otra parte,
en la fase de formación del esquema
o núcleo figurativo, la información
seleccionada se estructura y organiza en un marco
simple, concreto que le permite al sujeto crear
un parámetro claro de su relación
frente a un objeto, que es lo que Moscovici denomina
“modelo figurativo”.
Por último,
la naturalización, permite que
los conceptos se conviertan en objetos que organizan
los fenómenos o acontecimientos. Es decir,
el esquema figurativo se convierte en evidencia,
integrando los elementos de la ciencia en el
imperante mundo del sentido común o pensamiento
natural, que caracteriza a la mayor parte de
la humanidad.
Una vez que
el conocimiento es transformado en algo concreto
y material, ocurre su inserción dentro
del grupo social; a esta acción se le
denomina Anclaje. Así, el conocimiento
o la idea necesita ser evaluada en un sentido
práctico, es decir, se requiere decidir
qué tan útil resulta este conocimiento
para resolver problemas de la vida cotidiana.
Entonces es cuando el individuo jerarquiza, clasifica
y nombra las cosas y las personas, para así
poder comprender de manera individual la nueva
idea, pero siendo coherente con el marco de referencia
de la colectividad. El anclaje es el que permite
interpretar y actuar sobre la realidad. Por eso
afirma Moscovici que este mecanismo guía
la acción del sujeto ya sea individuo,
familia, grupo, clase, etc.
Como se puede
inferir, la objetivación y el anclaje
son procesos que tienen una relación dialéctica
entre sí. En esa relación, de acuerdo
a Moscovici, se va cristalizando “una representación
en torno al núcleo figurativo y un sistema
de interpretación de la realidad y de
orientación de conductas, en la cual los
sujetos movilizan los procesos que les permiten
comprender, anticipar, dar sentido a su conducta
y su disposición interaccional con el
medio” (Everett Rogers, 2003).
En efecto, teniendo
en cuenta debido a que la representación
social es un producto humano para explicar la
realidad y debido a que esta misma realidad es
cambiante, la representación social no
está exenta de sufrir modificaciones una
vez caduca su vigencia y ya no corresponde con
la realidad y las necesidades del sujeto. Por
esta razón, las representaciones sociales
se van actualizando a través del tiempo,
pero también son influenciadas por los
matices propios de las subculturas en las que
se insertan.
La teoría
de Rogers participa en la generación de
nuevas informaciones que generan cambios y actualizan
esas representaciones para beneficio de la comunidad.
Este cuerpo de conocimientos alimenta positivamente
las representaciones del usuario de servicios
de saneamiento básico. En el escenario
investigativo que se explora y propone acudimos
a las representaciones sociales porque nos interesa
saber los imaginarios que poseen los usuarios
de los servicios domiciliarios básicos;
de ahí podemos comprender la importancia
que tienen y su jerarquía en la subcultura
del Sur Occidente. Así por ejemplo, el
servicio de agua potable y el conocimiento de
la representación social que de él
se tiene, significa visualizar en forma concreta
la importancia que los usuarios le imprimen dentro
de su vida cotidiana, si perciben o no beneficio
de que les llegue a su casa, de que sea potable,
de que sea continua, entre otros.
En este orden
de ideas es claro que la construcción
de representaciones muestra cómo las personas
crean el conocimiento social, también
llamado conocimiento de sentido común,
pensamiento social o conocimiento práctico.
Se sigue entonces una lógica propia que
es diferente a la científica, pero no
por esto menos importante y que se expresa en
el lenguaje cotidiano propio de cada grupo social.
En el marco de esta investigación, cuando
hablamos de representaciones sociales, nos referimos
a los modos como los actores sociales, en este
caso, los usuarios de servicios de saneamiento
básico, construyen los esquemas cognitivos
sobre los cuales desarrollan modos de relación
con el pago de los servicios.
Por su característica
de ser compartidas de manera consensual por grupos
humanos, se dice entonces que las representaciones
son sociales, pues crean una visión conjunta
de la realidad a partir de un marco de referencia
colectivo. Para que una representación
sea calificada como social, Moscovici enuncia
tres características, así: “un
criterio cuantitativo, cuando las representaciones
pueden ser extendidas a una colectividad; un
criterio de producción, cuando se les
puede considerar como la expresión de
una organización social y un criterio
funcional cuando estas representaciones contribuyen
en el proceso de la formación y orientación
de la conducta y la comunicación social”.(Elisa
Knapp, 2003)
La estructuración
de representaciones sociales se da solo en sociedades
heterodoxas, es decir, donde existe gran diversidad
de opiniones y posiciones con respecto a los
objetos sociales que los aglutinan como grupo.
El percibir la necesidad de llegar a acuerdos
con respecto a los aspectos relevantes de su
realidad social, lleva a las personas a buscar
consensos y organizar la información pertinente
que se relaciona con el foco de la representación.
Asume así, en consecuencia, una posición
crítica en torno a la misma.
Al respecto,
Moscovici infiere tres connotaciones o propiedades
de las representaciones sociales: la dispersión
y sobreabundancia de información,
se refiere a que generalmente la información
que se tiene respecto a algo o es insuficiente
o es abundante y por lo regular desordenada.
Es decir que no se posee la información
relevante acerca de un objeto que permita su
total comprensión y funcionalidad para
ser insertado en un sistema social. Esto debido
a que el acceso a la información dentro
de un grupo varía según las normas
e intereses del mismo y la capacidad de conciencia
de sus miembros, entonces se obtiene una visión
parcial de la realidad. Lo anterior lleva al
individuo inevitablemente a la focalización,
la cual explica cómo ciertos aspectos
de la realidad son relevantes para el sujeto
o grupo y otros pasan desapercibidos, debido
a los intereses y la intención de los
mismos. Pero esta diversidad de opiniones acerca
de un hecho de interés público
necesita ser definida y acordada de manera grupal;
aparece entonces la presión a
la inferencia, pues los miembros de
un grupo se ven abocados a opinar, a tomar posiciones,
a sacar conclusiones y a ejercer acciones en
la medida en que un nuevo evento que se percibe
de grandes implicaciones, obliga a que los mismos
miembros ejerzan presión sobre los demás
para que se expresen. Pude decirse entonces que
la exigencia grupal es directamente proporcional
a la importancia de un evento.
Cada una de
estas tres condiciones, en menor o mayor grado,
permiten la génesis del esquema de la
representación y su denominador común
es la diversidad de posiciones frente a un objeto
significativo. Teniendo en cuenta estas características
se puede definir el grado de estructuración
de las representaciones sociales.
Hacia una propuesta de intervención
Después de haber revisado la dinámica
cotidiana de los usuarios de los servicios públicos
del Sur Occidente, indagado las posibles áreas
de investigación y revisado las posibilidades
teóricas para su abordaje desde las ciencias
sociales, hay varias cosas claras. Primero, existe
la convicción de que cualquier aprendizaje
nuevo que se le quiera proponer a la población
–ya sea en la forma de utilizar del agua,
el alcantarillado o el aseo en su vida cotidiana,
en llevar a cabo un pago mensual o en integrar
el recibo de pago a su acervo cultural- debe
partir de un conocimiento profundo del entorno
socio cultural que condiciona su forma de ver
el mundo. Hay que tener presente que los servicios
públicos forman tan sólo una parte
pequeña de su cotidianidad, que, por cierto,
se encuentra limitada por condiciones socioeconómicas
muy adversas.
Segundo, temas
como educación popular, estrategias de
comunicación, reconocimiento y vinculación
de líderes naturales y personajes de tradición
con los agentes de cambio, además de campañas
de educación posteriores a la implementación
de las innovaciones, deberían estar en
la mesa de discusión desde el principio
junto con los planos de los ingenieros cuando
se deciden colocar las tuberías y aparecer
también en las calculadoras de los expertos
en finanzas.
Por otra parte,
durante el tiempo que dure la relación
con los usuarios de los servicios públicos
–antes, durante y después de los
proyectos- se deben establecer esquemas de comunicación
de doble vía, para reducir las interferencias
inherentes a los procesos de comunicación,
al tiempo que se construye y fortalece la confianza
que debe existir en las relaciones entre las
empresas y sus usuarios.
Es necesario
reconocer, sin duda, que las empresas de servicios
domiciliarios cuentan con departamentos de desarrollo
con la comunidad, pero el objetivo de éstos
muchas veces se asocia a la recuperación
de la inversión de las empresas. Por supuesto,
se trata de un objetivo razonable, pero desde
el punto de vista de los modelos de pensamiento
de las comunidades, podría ser más
eficiente pensar primero en el diseño
de estrategias para que los usuarios utilicen
– y disfruten- en forma completa, la innovación
que pagan.
Finalmente,
una limitante que se advierte en la difusión
de cualquier aprendizaje nuevo en el Sur Occidente
de Barranquilla, es la falta de organizaciones
comunitarias efectivas que lideren procesos transparentes
de comunicación para el cambio social.
En este primer trazado del escenario investigativo
se advirtió la necesidad de fortalecer
las redes sociales a partir de una base de confianza
mutua, una necesidad de movilización para
buscar procesos de autogestión, y una
educación en cuanto a sus deberes y derechos
comunitarios. Desde luego, se trata de una labor
titánica que requiere una inversión
fuerte en cuanto a capital humano y económico;
desafiando a los escépticos, nos atrevemos
a recordar las enseñanzas recogidas a
partir de las grandes transformaciones sociales
del siglo anterior. En muchos momentos clave,
los adelantos en la comunicación masiva
hicieron posible grabar para la historia el esfuerzo
tesonero de tantos líderes que dedicaron
lo mejor de su capacidad para hacer realidad
las utopías sociales.
Referencias:
BARLETT,
W. Roberts, J. Le Grand, J. (1998). A Revolution
in Social Policy. Quasi-Market Reforms in the
1990s. Great
Britain: Policy Press.
BELL,
Gustavo (1998). The Decentralised State: An Administrative
or Political Challenge? En: Colombia, the
Politics of Reforming the State. London:
St. Martin Press.
BERGER, Peter y Luckmann, Thomas. Four Faces
of Global Culture. En: The National Interest.
Fall 1997.
BERGER, Peter y Luckmann, Thomas. (1998). La
Construcción Social de la Realidad.
(15 Ed.) Buenos Aires: Amorrourtu Editores.
KNAPP, Elisa Et Al. Aspectos Teóricos
y Epistemológicos de la Categoría
Representación Social. Revista Cubana
de Psicología, Vol. 20, N° 1,
2003.
MOSCOVICI, Serge (1981). On Social Representation.
J.P. Forgas (Comp) Social Cognition, Perspectives
in Everyday Life. Academic Press, London.
NICKSON, Andrew (1995). Local Government
in Latin America. London: Lynne.
RAMOS, Joseph y SUNKEL, Osvaldo (1993). Development
from within, toward a Neostructuralist Approach
for Latin America. Colorado: Lynne.
ROGERS, Everett. (2003). Difusión
de Innovaciones (5a Ed.) New York: Free
Press.
SELF, Peter (1993). Government By The Market?
The Politics of Public Choice. London: Macmillan
Press.
Mag.
Marta Milena Barrios
Docente del Departamento de Comunicación
Social, Universidad del Norte
de Barranquilla, Colombia. |