Por Octavio
Islas, Fernando Gutiérrez y Norma CampoGarrido 1
Número 24
A Francisco Sierra, catedrático
e investigador de la Universidad de Sevilla.
Toda nuestra gratitud
Introducción
En la primera parte de nuestro texto
realizamos una escueta revisión historiográfica sobre el desarrollo
de la licenciatura en ciencias de la comunicación en México, la
cual nos permitió identificar algunas de las principales dificultades
que han enfrentado las escuelas y universidades que imparten la
licenciatura en periodismo, la licenciatura en ciencias de la comunicación,
carreras afines y programas de posgrado.
En no pocos países de América Latina,
las escuelas y universidades en las cuales se imparten esas licenciaturas
han enfrentado similares adversidades. A pesar de los incuestionables
esfuerzos que han realizado destacados académicos e investigadores
de la comunicación, todavía suele objetarse el estatuto científico
y profesional de las ciencias de la comunicación, y consecuentemente
los egresados de la licenciatura en ciencias de la comunicación
y de carreras afines enfrentan un sin número de dificultades para
lograr incorporarse a un mercado profesional que suele recelar de
sus conocimientos, competencias y habilidades.
En la segunda parte de nuestro ensayo
referimos cuál es el grado de desarrollo que han alcanzado en México
las relaciones públicas, la comunicación organizacional, el cabildeo,
la imagen pública y las relaciones públicas digitales. La academia
mexicana de comunicación históricamente ha manifestado un insensible
menosprecio por las relaciones públicas y la comunicación organizacional,
considerándolas asuntos secundarios y periféricos en la reflexión
comunicológica.
Deseamos que el diagnóstico que hemos
emprendido sobre el accidentado devenir de la comunicación "productiva"
en México, pudiese reportar útil información a aquellos académicos
e investigadores españoles que se muestren interesados por analizar
las rutas que han observado en su desarrollo las disciplinas asociadas
al ejercicio profesional de las comunicaciones institucionales en
otras latitudes. Seguramente descubriremos que en no pocas ocasiones
hemos "tropezado con las mismas piedras en el camino", y que quizá
por tal razón silenciosamente hemos compartido muchas preocupaciones
que en realidad nos resultan comunes. Tal familiaridad sin duda
alguna fincará las bases de un diálogo fecundo y propositivo, permitiéndonos
trascender nuestras limitaciones y distancias.
1 Reloj no marques las
horas, porque voy a enloquecer
"El problema parece ser que el oficio
no logró evolucionar a la misma velocidad que sus instrumentos,
y los periodistas se quedaron buscando el camino a tientas en
el laberinto de una tecnología disparada sin control hacia el
futuro. Las universidades debieron creer que las fallas eran académicas,
y fundaron escuelas que ya no son sólo para la prensa escrita
-con razón- sino para todos los medios. En la generalización se
llevaron de calle hasta el nombre humilde que tuvo el oficio desde
sus orígenes en el siglo XV, y ahora no se llama periodismo sino
Ciencias de la Comunicación o Comunicación Social. Lo cual para
los periodistas empíricos de antaño, debe ser como encontrarse
al papá vestido de astronauta bajo la ducha".
Gabriel García Márquez:
"El mejor oficio del mundo". Pulso.
1.1 De las escuelas de periodismo
a la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación
En Estados Unidos, a finales del siglo
XIX, ya algunas escuelas impartían estudios en periodismo. A comienzos
del siglo XX, Joseph Pulitzer, célebre empresario de la industria
de la información estadounidense realizó las gestiones necesarias
para elevar el periodismo al rango de una disciplina superior, en
la Universidad de Columbia, en Nueva York.
De acuerdo con el investigador peruano
Juan Gargurevich (1999: 96), la primera escuela en América Latina
en la cual empezaron a impartirse estudios de periodismo fue fundada
en el año de 1934, en La Plata, Argentina. Quince años después -en
1949- fue fundada en la Ciudad de México la Escuela de Periodismo
Carlos Septién García, la primera institución educativa en la cual
se impartió la carrera de periodismo en México2. En 1951 la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM)
abrió la licenciatura en periodismo en su Escuela Nacional -hoy
Facultad de Ciencias Políticas y Sociales-. La UNAM es la principal
universidad pública en México. En 1954, la Universidad Veracruzana,
también universidad pública, empezó a impartir la licenciatura en
periodismo3.
En 1960 la Universidad Iberoamericana
-universidad privada que pertenece a la Compañía de Jesús- abrió
la primera licenciatura en ciencias y técnicas de la comunicación
en América Latina. Sobre el significado histórico de ese hecho,
la destacada investigadora de la comunicación Fátima Fernández Christlieb
(1985:313) señala:
"1960 es un año clave en los anales
de la investigación de la comunicación en México. La evolución
de los investigadores y del Estado en este campo, marcha paralelamente
a partir de este año. Se abre la primera carrera que con nivel
universitario se propone analizar el fenómeno de la comunicación
y de la información de masas, contemplando a todos los medios
existentes".
De acuerdo con Fátima Fernández (1997:94),
José Villaseñor García, fundador de la carrera de comunicación en
la Universidad Iberoamericana, de la siguiente manera describió
el perfil deseable del egresado de la licenciatura en comunicación:
"Su misión es comunicar el rico saber
acumulado en su mensaje mediante técnicas de difusión, relaciones
públicas, publicidad, radio, televisión, cine y periodismo. Controlar
esos tremebundos poderes que moldean, como dócil arcilla al hombre
contemporáneo".
Es posible afirmar que al abrir la primera
licenciatura en ciencias de la comunicación en América Latina, la
Universidad Iberoamericana estableció un importante precedente curricular,
el cual con el paso de los años definió el rumbo que habría de seguir
la enseñanza de las ciencias de la comunicación en la región, pues
la mayoría de las escuelas y universidades que durante los años
inmediatos abrieron esa licenciatura sin duda alguna siguieron el
ejemplo de la Universidad Iberoamericana, y en consecuencia adoptaron
el llamado "modelo polivante", el cual partía del propósito de trascender
la autonomía relativa de las profesiones independientes en la comunicación,
tales como: publicidad, relaciones públicas, periodismo, fotografía,
etc., subordinándolas a la perspectiva aglutinante e integradora
de la licenciatura en ciencias y técnicas de la comunicación.
Reconocidos investigadores de la comunicación,
como Felipe López Veneroni (1989:25) han señalado que la supremacía
del llamado modelo "polivante" representó el fundamento mismo de
muchos de los problemas de identidad profesional que aún arrastra
nuestra profesión:
"Puesto que no toda la práctica profesional
se deriva de, ni corresponde a una formación actual de las llamadas
ciencias de la comunicación resulta inadecuada e injusta tanto
para quienes quieren dedicarse a la práctica del periodismo, la
radio, la televisión, la fotografía o las relaciones públicas,
como para quienes procurarían dedicarse, profesionalmente, a la
investigación, más allá del análisis sociológico, económico, político
o psicológico de los mass media y de sus efectos".
Durante las décadas de 1960 y 1970,
algunas de las principales universidades públicas y privadas empezaron
a impartir la licenciatura en ciencias de la comunicación. En 1962,
el Instituto Pío XII (hoy Universidad del Valle de Atemajac) en
la ciudad de Guadalajara. La UNAM, en 1963. En 1967 el Instituto
Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO), el cual
también es propiedad de la Compañía de Jesús y se localiza en la
ciudad de Guadalajara. En 1970 la Universidad Anáhuac, universidad
privada que pertenece a los Legionarios de Cristo; la Universidad
del Nuevo Mundo, también una universidad privada, la cual se localiza
en un municipio del Estado de México, precisamente en los límites
con la Ciudad de México, al igual que la Universidad Anáhuac; y
la Universidad de Guadalajara, -universidad pública-. En 1971 la
Universidad de Monterrey y el Tecnológico de Monterrey, Campus Monterrey
-ambas universidades privadas, ubicadas en la ciudad de Monterrey-.
Como fiel reflejo de nuestro acentuado
centralismo histórico, las primeras escuelas y universidades en
las cuales empezó a impartirse la licenciatura en ciencias y técnicas
de la comunicación se localizaban en las tres principales ciudades
del país: el área metropolitana de la Ciudad de México, Monterrey
y Guadalajara.
A pesar del incierto desarrollo profesional al cual se enfrentaron
las primeras generaciones de egresados de la licenciatura en ciencias
y técnicas de la comunicación en México, y de la objetable legitimidad
que los científicos sociales concedían a la emergente disciplina,
durante esa década se registró un notable incremento en el número
de aspirantes dispuestos a estudiarla. A ello definitivamente contribuyó
la formidable expansión que registraron los medios de comunicación
masiva en México durante la década de 1970, particularmente la radio
y la televisión. De acuerdo con el investigador Francisco Javier
Torres (1999: 38) la licenciatura en ciencias de la comunicación
presentaba un panorama poco halagador a comienzos de la década de
1970:
"La carrera se volvió incluso una
moda que dio origen a varios estigmas que a la fecha persisten.
Entre ellos figuran los siguientes: saturación de escuelas y egresados;
concepción de un programa sencillo y lejano al glamour de las
estrellas del espectáculo; carrera propia de Mujeres Mientras
se Casan (MMC); lejanía entre los programas de estudio y las necesidades
reales de las empresas; pobre impacto social en la curricula;
profesión mal pagada; débiles planes de especialización".
1.2 1976. Un año axial en el desarrollo
de la academia mexicana de comunicación
El año de 1976 admite ser interpretado
como un año axial en la atribulada historia de la academia mexicana
de comunicación. La trascendencia de los acontecimientos que durante
ese año se registraron permiten establecer un antes y un después
en la enseñanza y la investigación de las ciencias de la comunicación
en México.
Creación del Consejo Nacional para
la Enseñanza
y la Investigación de las Ciencias de la Comunicación (CONEICC)
En 1976 fue fundado el Consejo Nacional
para la Enseñanza y la Investigación de las Ciencias de la Comunicación
(CONEICC). Por iniciativa de Jesús Cortina, quien entonces se desempeñaba
como director de la licenciatura en ciencias de la comunicación
en la Universidad Iberoamericana, los directores de algunas escuelas
de comunicación empezaron a sostener algunas reuniones periódicas
desde el año de 1974, las cuales aprovechaban para compartir sus
experiencias. De esas reuniones derivó la inquietud de fundar un
organismo académico que se dedicaría a promover la enseñanza y la
investigación de las ciencias de la comunicación: CONEICC. Con el
paso de los años el CONEICC se ha consolidado en México como el
más importante y el más representativo de las escuelas y universidades
que imparten la licenciatura en periodismo, en ciencias de la comunicación,
carreras afines o programas de postgrado en comunicación. En el
año 2001 más de 55 escuelas o universidades en las cuales se impartía
la licenciatura en periodismo, en ciencias de la comunicación, carreras
afines o programas de posgrado en comunicación participaban como
miembros activos de CONEICC.
Creación del primer programa de posgrado
en ciencias de la comunicación
También en el año de 1976 la Universidad
Iberoamericana abrió el primer posgrado en comunicación, y de nueva
cuenta algunas de las principales universidades públicas y privadas
del país, ubicadas en las tres principales ciudades del país (México,
Monterrey y Guadalajara) procedieron a abrir sus respectivos programas
de postgrado en comunicación.
En 1979, la Facultad de Ciencias Políticas
y Sociales de la UNAM, ubicada en el sur de la Ciudad de México,
empezó a impartir la maestría en comunicación. En 1984, la Universidad
Autónoma de Nuevo León -también universidad pública, la cual se
localiza en la ciudad de Monterrey-. En 1985, el ITESO -en Guadalajara-,
y la Universidad Regiomontana -universidad privada que se localiza
en Monterrey-. En 1987, el Tecnológico de Monterrey, Campus Eugenio
Garza Sada empezó a impartir la maestría en periodismo especializado.
También ese mismo año el Centro Avanzado de Comunicación (CADEC)
propiedad del Grupo Ferrer, fundado por el destacado publicista
español Eulalio Ferrer comenzó a impartir la maestría en comunicación
institucional.
Es posible afirmar que quiénes diseñaron
los programas de estudio de las Maestrías en Ciencias de la Comunicación
en México básicamente repararon en la necesidad de formar a docentes
e investigadores, a pesar de que los egresados de la licenciatura
en ciencias de la comunicación históricamente han manifestado un
pobre interés por realizar estudios de posgrado en las ciencias
de la comunicación. La mayoría de los estudiantes de ciencias de
la comunicación o carreras afines que expresan algún interés por
realizar estudios de posgrado, en primera instancia consideran otras
opciones -como la mercadotecnia, la administración, los negocios
internacionales- y si reparan en la posibilidad de realizar un posgrado
en ciencias de la comunicación, afirman interés por la consultoría
y no por la investigación y la docencia.
Salvo contadas excepciones, la formación
de consultores y extensionistas representa una asignatura pendiente
en el diseño de programas de posgrado en comunicación en México.
La ruta crítica que observó la creación de programas de posgrado
en comunicación en México prácticamente siguió el mismo camino de
la licenciatura en ciencias de la comunicación, restringiéndose
al llamado modelo "polivante", tal como reconoce el investigador
Carlos Luna (1990,28), del ITESO, quien durante la década de 1990
fue presidente de CONEICC:
(...) salvadas las proporciones, la
oferta de estudios de maestría en comunicación tiende a reproducir
las condiciones de proliferación características de la Licenciatura
en comunicación, en momentos en que esta especialidad profesional
no acaba de resolver muchos de sus aspectos básicos: estatuto
teórico de la comunicación, planteamiento curricular y metodología,
inserción socio-profesional de los egresados y disponibilidad
de recursos humanos y materiales para enfrentar la creciente demanda
estudiantil, entre otros.
Una mirada retrospectiva de la licenciatura
en comunicación
En el año de 1976 -como podremos apreciar
en la siguiente tabla- en un total de 25 escuelas, universidades
públicas y privadas se impartían la licenciatura en ciencias de
la comunicación o algunas modalidades de ésta. De acuerdo con el
periodista Jesús Pablo Tenorio (1986: 115), el número estimado de
estudiantes entonces ascendía a 4,126.
|
Entidad
|
Institución
Educativa
|
Licenciatura
|
| Distrito Federal(10). |
Escuela de Periodismo Carlos Septién
García. |
Periodismo |
| |
Universidad Iberoamericana. |
Ciencias y técnicas de la información. |
| |
Escuela Nacional de Estudios Profesional
de Aragón (ENEP- Aragón). |
Periodismo y comunicación colectiva. |
| |
Universidad Autónoma Metropolitana,
Unidad Xochimilco (UAM). |
Ciencias de la comunicación. |
| |
Universidad Nacional Autónoma de
México (UNAM). |
Periodismo y comunicación colectiva. |
| |
Universidad Anáhuac4. |
Ciencias de la comunicación social.
|
| |
Universidad Latinoamericana. |
Comunicación y relaciones públicas. |
| |
Universidad del Tepeyac. |
Ciencias y técnicas de la comunicación. |
| |
Universidad del Valle de México. |
Ciencias de la comunicación. |
| |
Universidad Intercontinental. |
Ciencias de la comunicación. |
| Durango (1). |
Instituto Superior de Ciencia y
Tecnología. |
Ciencias de la comunicación. |
| Guanajuato (1). |
Instituto Superior de Ciencia y
Tecnología. |
Periodismo y ciencias de la comunicación. |
| Jalisco (3). |
Instituto Tecnológico y de Estudios
Superiores de Occidente (ITESO). |
Ciencias de la comunicación. |
| |
Universidad Autónoma de Guadalajara. |
Periodismo y comunicación colectiva. |
| |
Instituto Superior del Valle de
Atemajac. |
Comunicación. |
| Estado de México (2). |
Universidad del Nuevo Mundo. |
Comunicación. |
| |
Escuela Nacional de Estudios Profesional
de Acatlán (ENEP- Acatlán). |
Periodismo y comunicación colectiva. |
| Nuevo León (4). |
Tecnológico de Monterrey, Campus
Monterrey. |
Ciencias de la comunicación. |
| |
Universidad Autónoma de Nuevo León. |
Periodismo. |
| |
Universidad de Monterrey. |
Ciencias de la información. |
| |
Universidad Regiomontana. |
Ciencias de la comunicación. |
| Sinaloa (2). |
Universidad Autónoma de Sinaloa. |
Ciencias de la comunicación. |
| |
Universidad del Pacífico. |
Ciencias de la comunicación. |
| Tamaulipas (1). |
Universidad del Noroeste. |
Ciencias de la comunicación. |
| Veracruz (1). |
Universidad Veracruzana. |
Periodismo. |
Fuente: Jesús Pablo Tenorio: "Las escuelas
de periodismo ante la crisis". En Crisis y comunicación en México.
IV Encuentro Nacional CONEICC. Tomo II. Marzo de 1986. México. Consejo
Nacional para la Enseñanza y la Investigación de las Ciencias de
la Comunicación.
Sin duda alguna sorprende el hecho de
que sólo dos de las 25 escuelas y universidades que fueron consideradas
en la tabla anterior (la Universidad Latinoamericana y la Universidad
del Pacífico) entonces manifestaban particular interés por el estudio
de las relaciones públicas, distanciándose sensiblemente del enfoque
que observaban las 23 escuelas restantes, las cuales sólo reconocían
la disyuntiva de poder impartir la licenciatura en periodismo o
la licenciatura en ciencias de la comunicación, con diferencias
poco significativas.
1.3 Rudos contra científicos y "apocalípticos"
contra
integrados, a tres caídas y sin límite de tiempo
Durante la década de 1970 no pocos académicos
e investigadores de la comunicación en América Latina razonaron
todo conocimiento posible en las ciencias de la comunicación, desde
la intolerante perspectiva del llamado "paradigma del imperialismo
cultural".
Las tesis del reconocido marxista italiano
Antonio Gramsci, y las teorías del tristemente célebre pensador
francés Louis Althusser, relativas al desempeño que admiten los
aparatos ideológicos del Estado en las formaciones capitalistas
avanzadas (AIEs), en México fueron afirmadas por no pocos académicos
e investigadores de la comunicación como auténticos dogmas de fe.
Al amparo de esa radical lectura, los
medios de difusión colectiva irremediablemente estaban al servicio
de la burguesía, y destinados a garantizar la efectiva reproducción
ampliada de la ideología dominante, contribuyendo además a la realización
de la reproducción ampliada de la calificación diversificada de
la fuerza de trabajo. En las formaciones capitalistas más avanzadas,
los medios de difusión colectiva habían adquirido la condición de
aparatos ideológicos hegemónicos, desplazando a un segundo plano
a la familia y a la escuela en la tarea de garantizar la reproducción
ampliada de la ideología dominante y la reproducción ampliada de
la calificación diversificada de la fuerza de trabajo.
Algunos académicos e investigadores
de la comunicación en México, y también, por supuesto, en América
Latina, afirmaron la validez de tales planteamientos como dogmas
irrefutables. Los excesos -hoy finalmente ya han empezado a aceptarse
así- representaron una auténtica deformación del trabajo intelectual
de los comunicólogos, como reconoce Raúl Fuentes Navarro (1992:
92), destacado investigador del ITESO, quien para exhibir el estrecho
radicalismo en el cual incurrieron los presuntos depositarios de
la verdad absoluta, cita algunos párrafos de la tesis profesional
de Daniel Carlos Gutiérrez Rohan:
"(...) dentro de la práctica científica
de la ciencia de la comunicación, la investigación es aceptada
cuando funciona para el sistema general, adecuándose a los objetivos
racionales establecidos, cuando cumple el papel de reproductora
y encubridora de las relaciones de producción y de explotación
dentro del sistema capitalista (...) Solamente en aquellos casos
en que su práctica científica produce estructuras teóricas susceptibles
de ser utilizadas por la mercadotecnia, las campañas electorales,
el cambio de actitudes, sólo por mencionar tres ejemplos, es cuando
se les otorga una validez científica (...) Entonces, cuando la
ciencia de la comunicación deje de encubrir y diluir los conflictos
y contradicciones producidos en el capitalismo y los aborde como
en realidad son, desde sus causas, desde sus orígenes, hasta sus
resultados y efectos, la ciencia de la comunicación superará las
implicaciones ideológicas que tiene" (Fuentes, 1992: 92).
El estudio de las relaciones públicas,
la comunicación organizacional, la publicidad, la investigación
sobre las tecnologías de información, así como muchos otros temas
que hoy perfectamente pueden ser considerados como indispensables
en cualquier plan de estudios de la licenciatura en ciencias de
la comunicación, entonces fueron menospreciados por no pocos académicos
e investigadores de la comunicación, por considerárseles asuntos
de menor jerarquía conceptual en la reflexión comunicológica o,
en el caso particular de las tecnologías de información, invariablemente
su lectura se limitaba a la denuncia por servir de instrumentos
subordinados a propósitos de control ideológico, conforme a las
tesis propuestas por celebridades como el belga Armand Mattelart.
En algunas escuelas y universidades
en las cuales se impartía la licenciatura en comunicación o algunas
carreras afines, inclusive se llegó al extremo de etiquetar a las
relaciones públicas y a la comunicación organizacional como "preocupaciones
de carácter funcionalista", y consecuentemente sospechosas y despreciables,
situación que automáticamente las convertía en asignaturas incómodas
o francamente irrelevantes en el proceso de formación de comunicólogos
verdaderamente "críticos".
La descalificación de todos los esquemas
interpretativos que pudieran contradecir las tesis del llamado Paradigma
del Imperialismo Cultural, particularmente aquellos que fueron designados
como "funcionalistas" -clasificación que incluso se extendió a la
obra del célebre pensador canadiense Marshall McLuhan-, sin duda
alguna adquirió el carácter de una negativa constante en la enseñanza
de las ciencias de la comunicación en tan "revolucionarios" días,
tal como reconoce el destacado investigador español Miquel de Moragas
(1997: 28):
"El interés preferente por los aspectos
ideológicos de los discursos sociales impidió a muchos analistas
comprender la validez de las principales intuiciones de McLuhan
respecto de los cambios en los usos de los medios, o respecto
de las distintas relaciones culturales que pueden establecerse
entre los medios y sus receptores".
En la investigación de la comunicación
que se realizó durante la década de 1970 en América Latina imperó
el "teoricismo" -término propuesto por Daniel Prieto para designar
el trabajo teórico improductivo que durante esos años realizaron
no pocos académicos e investigadores de la comunicación-. Al respecto,
el destacado investigador Enrique Sánchez Ruiz (1994: 35) señala:
"(...) se tomaron ciertos dogmas y
ciertas verdades absolutas que impedían hacer la investigación
concreta. A los investigadores latinoamericanos en los años sesenta
y setenta se les olvidaban operar con rigor las teorías, las metodologías
y las técnicas de investigación. Entonces elaboraban un discurso
muy acabado, a veces con un respaldo factual, pero no dejaba de
ser discurso".
Ya avanzada la década de 1970, las discusiones
relativas a la reglamentación del derecho a la información en México
despertaron un gran interés entre académicos e investigadores de
la comunicación. El primero de diciembre de 1976, en su toma de
posesión como presidente constitucional de los Estados Unidos Mexicanos
para el periodo 1976-1982, José López Portillo expresó la necesidad
de emprender la reglamentación el derecho a la información, el cual
estaba considerado en los artículos sexto y séptimo de la Constitución
de los Estados Unidos Mexicanos. El entonces presidente de México
declaró:
"En el caso de la información no basta
con abrir la oportunidad legal y libre para que haya información
y comunicación. En una economía mixta en la que los procesos mercantiles
también se garantizan, menester es garantizar que quienes por
la fortuna no tienen medios, tengan sí la seguridad de informar
y ser informados" (Solís, 2001: II).
Durante los primeros años de su gobierno
José López Portillo manifestó particular interés por impulsar la
reglamentación del derecho a la información. El 30 de diciembre
de 1977 fue presentada en el Congreso de la Unión una iniciativa
de ley, la cual modificaba 17 artículos constitucionales, concediendo
a los partidos políticos el acceso permanente a la radio y la televisión.
Como las implicaciones de la referida iniciativa efectivamente afectaban
no pocos de los privilegios metaconstitucionales que habían logrado
acumular los concesionarios y propietarios de los medios de comunicación
masiva, ese poderoso grupo de presión no titubeó un solo instante
en conformar un frente común, dispuesto a oponerse por todos los
medios posibles a la referida iniciativa.
De acuerdo con información que fue publicada
en el semanario Proceso -refiere la investigadora Beatriz Solís-,
los propietarios y concesionarios de medios masivos de comunicación
emprendieron una costosa campaña propagandística orientada a descalificar
la iniciativa de reglamentar el derecho a la información. En más
de 481 artículos que fueron publicados en 17 periódicos y 8 revistas,
la iniciativa fue calificada con los siguientes adjetivos: "intento
fascista", "totalitaria", "comunista" y "mordaza"5.
Es indispensable reconocer que durante
la administración del presidente Luis Echeverría Álvarez (1970-1976)
fue ejercida una caótica presión sobre los concesionarios de la
televisión, quienes optaron por dejar a un lado el incipiente sistema
de competencia que habían establecido apenas unos años antes las
dos grandes cadenas de televisión del país: Telesistema Mexicano
(canales 2, 4 y 5) y Televisión Independiente de México (canal 8),
procediendo a conformar una sola televisora: Televisión Vía Satélite
(Televisa). El presidente Luis Echeverría tenía el propósito de
asumir el control absoluto sobre la industria de la televisión en
México, de acuerdo con información que años después fue publicada
en el semanario Proceso.
Al presidente Luis Echeverría además
se acusa de haber perpetrado deleznables maniobras para despojar
al coronel García Valseca de su importante cadena periodística -la
cual inexplicablemente quedó en manos del empresario mueblero Mario
Vázquez Raña-, y de haber desplazado de la dirección del periódico
Excélsior -entonces el más importante del país- al destacado
periodista Julio Scherer García para imponer a un incondicional
suyo: Regino Díaz Redondo, quien el año pasado fue expulsado de
Excélsior por los propios cooperativistas, acusándole de
malversación de fondos.
Tales antecedentes permiten explicar
la firme oposición que presentaron los concesionarios de la radio
y la televisión a la iniciativa de reglamentar el derecho a la información
durante el gobierno del presidente José López Portillo.
Ante la efectiva presión que lograron
ejercer los industriales de la radio y la televisión en México sobre
la opinión pública, el gobierno de López Portillo finalmente decidió
abortar la iniciativa de reglamentar el derecho a la información.
De acuerdo con Sergio López Ayllón -citado por el destacado periodista
Rafael Rodríguez Castañeda-, esa iniciativa no prosperó porque:
"A pesar de haberse incluido el derecho
a la información en la Constitución, el balance hace que se considere
que fue un periodo de indecisiones, acciones contradictorias y
mucha tinta. El último año se inclinó la balanza hacia las posiciones
y acciones más conservadoras. En realidad, creemos que la reglamentación
del derecho no prosperó, pues además de afectar intereses poderosos
de los propietarios de los medios de comunicación, iba a poner
en orden muchas en el ámbito del Estado. Como hemos dicho, en
muchos casos, el derecho se iba a ejercer contra el Estado limitando
la acción y ámbito de influencia de muchos funcionarios que a
la fecha actúan a su eterno arbitrio" (Rodríguez Castañeda, 1992:
253).
Desde aquellos días, en repetidas ocasiones
los concesionarios de la radio y la televisión han opuesto una decidida
resistencia a toda iniciativa que pudiera reabrir el tema de la
reglamentación al derecho a la información, el cual se proyecta
hasta nuestros días como una asignatura pendiente para el actual
gobierno.
Al margen de lo establecido en la ley,
e independientemente de insuficiencias y lagunas jurídicas, durante
los gobiernos de la "presidencia imperial" (1929-2000) los concesionarios
de la radio y la televisión mexicana han conseguido renovar concesiones,
incrementar el número de sus frecuencias, lograr que algunas de
sus deudas fuesen condonadas, e inclusive suspender o impedir la
aplicación de determinadas leyes. Los amplios privilegios metaconstitucionales
que alcanzaron los concesionarios de la radio y televisión en México
en tiempos del PRI no han sido modificados por el gobierno del presidente
Vicente Fox6.
Las relaciones entre el gobierno y los
periodistas históricamente han resultado particularmente conflictivas
en México. Para explicar cuan intrincadas son acudimos a la autorizada
opinión del periodista Rafael Rodríguez Castañeda (1992: 13), actual
director del semanario Proceso, quien afirma:
"En los últimos cinco decenios prensa
y gobierno en México han vivido enredados en una trama de relaciones
equívocas. Resulta poco menos que imposible precisar dónde se
originan los vicios que desde los años cuarenta entorpecen, enrarecen
y distorsionan la información periodística en el país: ¿en la
mano que pide, en la mano que soborna, en la mano que recibe,
en la mano que golpea? En la insana relación prensa-gobierno se
mezclan los intereses económicos, políticos y aún facciosos -locales,
regionales o nacionales-, que utilizan a los medios impresos como
instrumentos de influencia o presión. Y también, por supuesto,
los intereses muy particulares de periodistas, políticos y funcionarios.
De sexenio a sexenio, de Presidente a Presidente, la situación
prevalece: un gobierno que ejerce el autoritarismo prácticamente
sin limitaciones; una prensa en su mayoría domesticada; y un público
que desconfía por igual de la prensa y del gobierno. Desde el
funcionario de más bajo nivel hasta el Presidente de la República,
las instancias gubernamentales han asumido la tarea de cortejar,
corromper y aun reprimir en la búsqueda de una prensa sumisa e
incondicional. En contraparte, muchos periódicos y periodistas--desde
los reporteros de nota roja hasta directores y gerentes- han hecho
suyo el hábito de cortejar y dejarse cortejar, adular, corromperse,
chantajear, someterse, ponerse al servicio del gobierno en su
conjunto o del funcionario en lo personal, con las excepciones
de quienes están dispuestos a enfrentar los riesgos de romper
las reglas del juego".
Julio Scherer García, director fundador
del semanario Proceso, y sin duda alguna uno de los periodistas
más importantes en México, en el libro Los presidentes acudió
al reportero Elías Chávez quien emprendió una escueta revisión histórica
sobre la forma cómo empezó a extenderse la distribución del embute
a los periodistas durante el gobierno del presidente Gustavo Díaz
Ordaz (1964-1970). El reparto del "chayote" se ha convertido en
una auténtica gangrena para el desarrollo del periodismo independiente
en México:
"El chayote florece a su máximo esplendor
desde que Gustavo Díaz Ordaz institucionalizó su irrigación. Mientras
el entonces presidente de la República pronunciaba un día de 1966
el discurso inaugural de un sistema de riego en el estado de Tlaxcala,
entre los reporteros corría la voz: "¿Ves aquel chayote? Están
echándole agua. Ve allá." Allá, semioculto por la trepadora herbácea,
un funcionario de la Presidencia entregaba el chayote, nombre
con el que entonces se conoce el embute en las oficinas de prensa.
Tan popular se volvió que su entrega dejó de ser oculta (...)
Para recibir un chayote -en ocasiones fundamental para su sobrevivencia-,
los reporteros, muchos con un sueldo menor al mínimo, aparecen
como los más corruptos del periodismo nacional, mientras sus patrones,
potentados cuya riqueza y negocios tienen origen en la manipulación
de la información, son conocidos como personas honorables. El
chayote creció y se institucionalizó, aunque su florecimiento
máximo se da en cada campaña del PRI a la Presidencia de la República
(...) Tan natural era dar o recibir chayotes que de la inconciencia
se pasó al cinismo: un reportero (¿de El Nacional?), en su crónica
acerca de una "reunión Popular para la Planeación titulada "Agua
y Desarrollo", organizada por el IEPES en Sonora, escribió -y
así se publicó: "... los periodistas que cubren la campaña electoral
presentaron una ponencia para que se aumente el riego del chayote"
(Scherer García, 1986: 162-164).
Al respecto el destacado periodista
Raymundo Riva Palacio (1990: 24) añade:
"La impunidad con que se mantienen
los viejos esquemas de corrupción en la prensa capitalina, son
inconcebibles para la sociedad moderna (...) No pueden existir
ya más jefes de prensa que corrompan a los periodistas, que no
son lo más corrupto del sistema pero sí a quien se fustiga por
ello. Las prebendas, las gratificaciones, o los embutes como coloquialmente
se conoce al dinero allegado irregularmente, son utilizados por
un buen número de empresarios periodísticos como complemento a
los salarios que pagan, lo cual es una desviación ética y profesional.
No son pocos los dueños de periódicos que, cínicamente, llegan
a decir que pagan bajos salarios porque las fuentes de información,
complementan la paga. De esa manera, los periódicos reciben un
subsidio adicional muy peculiar, que abate los costos de las nóminas
y, así incrementan las ganancias".
Dada la lógica trascendencia de la iniciativa
de reglamentar en México el derecho a la información, destacados
académicos e investigadores de la comunicación participaron en las
mesas de análisis y de discusión sobre la referida iniciativa, unos
afirmando la necesidad de emprender profundas reformas y otros pronunciándose
en favor de no introducir ningún tipo de modificaciones por considerar
que cualquier cambio en el marco legal existente atentaría contra
la libertad de expresión.
De acuerdo con el investigador Raúl
Fuentes Navarro (1991: 95), la iniciativa de reglamentar el derecho
a la información y la realización de la XXX Conferencia Anual de
la International Communication Association (ICA) -en mayo de 1980,
en Acapulco-, agudizaron las sensibles diferencias que ya exhibían
muchos académicos e investigadores de la comunicación:
"La polémica metodológica, con fuertes
implicaciones políticas, establecida entre los investigadores
mexicanos en los setenta, desvió y deformó el trabajo de investigación,
se convirtió en un torneo de descalificaciones y adjetivos e implantó
por un tiempo el maniqueísmo más feroz en el estudio de la comunicación.
Los primeros años de la AMIC pusieron en evidencia esta sobre-ideologización
que apenas empezaba a superarse. Dos eventos especialmente: la
realización en Acapulco de la XXX Conferencia Anual de la International
Communication Association (ICA) en mayo de 1980 con el copatrocinio
del gobierno mexicano, y las audiencias públicas sobre la reglamentación
del derecho a la información alrededor de las mismas fechas, fermentaron
la expresión y el ahondamiento de las diferencias entre los investigadores"
En 1979 fue fundada la Asociación Mexicana
de Investigadores de la Comunicación (AMIC). A diferencia de CONEICC,
organismo en el cual participan representantes institucionales de
las escuelas y universidades que imparten la licenciatura en periodismo,
comunicación o carreras afines, además de programas de posgrado
en comunicación, y en la cual también participan algunos destacados
investigadores como miembros a "título personal", AMIC fue concebida
como una asociación en la cual específicamente intervendrían académicos
e investigadores de la comunicación, independientemente de las instituciones
educativas. La destacada investigadora de la comunicación Fátima
Fernández, primer presidente de AMIC, refiere el contexto histórico
y las condiciones generales en las cuales surgió ese organismo:
"Hoy en día podríamos decir que existen
dos grandes grupos o corrientes. Por un lado, los depositarios
de la herencia funcionalista, que es un grupo muy grande. Dentro
de esta corriente hay una muy larga lista de investigadores, o
mejor dicho, gente que estudió Comunicación, que no tuvo formación
sociológica que necesita un investigador y que han hecho, o más
bien han tratado de medir efectos de determinados programas de
televisión en distintos grupos humanos con una serie de variables
que explican, cuando no describen, aspectos parciales del fenómeno.
Por otro lado, hay ese grupo que habiendo conocido la escuela
funcionalista la dejó de lado por tener, posiblemente, una formación
en materialismo histórico; ellos van creando una escuela que no
tiene aún consistencia teórica. Este grupo, llamado por algunos
corriente crítica, busca desarrollar una teoría que explique el
fenómeno de la comunicación de una forma global, a diferencia
del funcionalismo y el estructuralismo; sin llegar a ser todavía
una teoría marxista de los medios, intenta seriamente serlo. Quedán
también algunos residuos del Mattelartismo y de marcoteoricismo
flotando por ahí. (...) En la AMIC no queremos ser sectarios ni
partidarios de una sola corriente. Consideramos que la discusión
es de todos. Cada quien está decidido por un grupo en particular
y cada quien tiene una serie de cosas que decir; queremos que
la asociación sea un foro de convergencias, nunca de divergencias.
Lo esencial es podernos sentar a discutir; esperamos que esto
se mantenga, aunque finalmente será la coyuntura la que hará que
se expliciten las diferencias que vienen de mucho más para atrás"
(Fuentes, 1991: 95-96).
En el marco de las audiencias públicas
que durante el gobierno de José López Portillo se realizaron sobre
la reglamentación del derecho a la información, el 3 de julio de
1980 un grupo de investigadores de la AMIC entregó al Congreso de
la Unión sus recomendaciones en la materia, a través de un documento
de 420 páginas. El radicalismo asumido en el referido debate político,
y el sensible descuido de aspectos académicos fundamentales -reconoce
el investigador Raúl Fuentes Navarro- orillaron a que algunos miembros
fundadores de la AMIC decidieran separarse de esa asociación.
Además de las diferencias y divisiones
suscitadas entre académicos e investigadores de la comunicación,
particularmente entre aquellos que expresaron los puntos de vista
más radicales, ya sea a favor o en contra de la iniciativa de reglamentar
el derecho a la información, como lógica secuela de los acontecimientos,
los concesionarios de la radio y la televisión afirmaron la desconfianza
que ya habían venido manifestando hacia la mayoría de los académicos
e investigadores de la comunicación en México, y particularmente
hacia aquellos que en el marco de las discusiones relativas a la
reglamentación del derecho a la información habían expresado las
denuncias y objeciones más enérgicas a los concesionarios de la
televisión.
Sin embargo, de forma por demás injusta,
la desconfianza de los concesionarios de la radio y televisión,
así como de los propietarios de muchos medios impresos, se extendió
hacia los egresados de aquellas universidades en las cuales impartían
cátedra los académicos e investigadores que asumieron las críticas
más radicales. Las miradas excluyentes de unos y otros inhibieron
toda posibilidad de diálogo, profundizándose el distanciamiento
de los medios y de la academia. Los egresados de la licenciatura
en ciencias de la Comunicación sin duda alguna fueron los más perjudicados.
Les fue mucho más difícil el poder incursionar a los medios de comunicación7.
Mientras tanto, en 1981 fue fundada
la Federación Latinoamericana de Facultades de Comunicación Social
(FELAFACS). Su actual presidente, Luis Núñez Gornés, estudió la
licenciatura en comunicación en la Universidad Anáhuac, y actualmente
se desempeña como responsable de extensión universitaria en la Universidad
Iberoamericana, Unidad Santa Fe.
El 8 de mayo de 1981, Luis Marcelino
Farías -entonces el grisáceo presidente de la Cámara de Diputados-
dio por concluidas las discusiones relativas a la reglamentación
del derecho a la información de la siguiente manera:
"El cuerpo legislativo de la Cámara
de Diputados no ha encontrado la fórmula para reglamentar el derecho
a la información. Por así decirlo, no le encontramos la cuadratura
al círculo".
Con tan memorable frase, el gobierno
de López Portillo renunció a la enorme responsabilidad histórica
de proceder a reglamentar el derecho a la información. Por esas
fechas todavía un amplio número de académicos e investigadores de
las ciencias sociales, principalmente aquellos que simpatizaban
con algunas de las tesis más arraigadas en la izquierda histórica,
todavía confiaban en la posibilidad de que el Estado mexicano algún
día decidiera enfrentarse a la "nefasta oligarquía burguesa".
En el último informe de gobierno, el
presidente José López Portillo anunció su propósito de "nacionalizar
la banca". Con el paso de los años sin duda alguna sorprende la
forma cómo los concesionarios de la radio y televisión consiguieron
doblegar al presidente José López Portillo, quien al amparo de un
recurso populista pretendió pasar a la historia como el presidente
que "nacionalizó la banca", enfrentándose a los poderos banqueros.
Ese hecho definitivamente fracturó la confianza que la iniciativa
privada había depositado en el sistema político mexicano. La nacionalización
de la banca marcó el principio del fin de aquello que Octavio Paz
-siempre indispensable- designó como "el ogro filantrópico".
1.3 La derrota profesional "The day
after"
La década de 1980 ha sido considerada
por algunos especialistas como la "década perdida de la América
Latina". El crecimiento económico que a lo largo de esos años registraron
los países de la región prácticamente fue nulo, y en el mejor de
los casos incipiente. La década de 1980 en México fue sumamente
difícil para los egresados de la licenciatura en ciencias de la
comunicación, periodismo o carreras afines. Inclusive a finales
de la década de 1980 Televisa seriamente contempló la posibilidad
de abrir su propia universidad. La señal fue muy clara. El principal
consorcio televisivo del país rechazó a los egresados de la licenciatura
en comunicación o carreras afines por considerarles sobreideologizados.
En la mayoría de los medios de comunicación en México, los licenciados
en ciencias de la comunicación sistemáticamente fueron despreciados
por los empleadores.
Tras las desalentadoras conclusiones
de las discusiones y debates en torno a la iniciativa de reglamentar
el derecho a la información, paulatinamente los investigadores de
la comunicación en México repararon en la necesidad de introducir
nuevos cuestionamientos con el propósito de reorientar el horizonte
reflexivo de las ciencias de la comunicación. Las ciencias de la
comunicación habían adquirido el rango de una "profesión en peligro".
De acuerdo con José Carlos Lozano (1995:15), destacado investigador
del Tecnológico de Monterrey, Campus Monterrey:
"En la década de los ochenta y a principios
de los noventa, las teorías de la comunicación en México y América
Latina han experimentado una renovación saludable y necesaria.
Importantes investigadores de la comunicación han criticado la
sobreideologización de los enfoques teóricos, la escasa producción
técnica de los autores en los diferentes métodos cuantitativos
y cualitativos de investigación, y el divorcio inadecuado entre
los estudiosos de la comunicación y los profesionales de la misma".
A comienzos de la década de 1990, algunos
académicos e investigadores de la comunicación, como Guillermo Orozco
Gómez (1992: 116), oportunamente advirtieron que el panorama que
presentaban los estudios de comunicación en México definitivamente
resultaba crítico:
"La deficiencia congénita de los estudios
sobre comunicación se traduce actualmente en el hecho de que los
académicos de la comunicación, estamos a punto de ser completamente
irrelevantes para la sociedad en general y en particular para
la formación de nuevos comunicadores. Los mercados laborales están
fuera de nuestro control; no logramos que los empleadores acepten
nuestros productos; los comunicadores recién egresados no tienen
una identidad o en todo caso tienen una identidad 6difusa ante
sí mismos como profesionistas de la comunicación. Hemos improvisado
a los docentes a que la expansión galopante, desarticulada y caprichosa
de facultades de comunicación en suelo latinoamericano. Hemos
dirigido la investigación a problemáticas o de moda o derivadas
de intereses personalistas, desvinculando la producción de conocimiento
de la formación de nuevos profesionistas. Y seguimos aferrados
a sostenes disciplinarios que cada vez nos oscurecen más la salida".
En el marco de la XXX Asamblea General
del Consejo Nacional para la Enseñanza y la Investigación de las
Ciencias de la Comunicación (CONEICC), evento que se llevó a cabo
durante los días 10 y 11 de octubre, en Guadalajara, la Unidad de
Opinión Pública de la Revista Mexicana de Comunicación -la
más importante publicación impresa en México especializada en temas
de comunicación- aplicó una encuesta a un grupo representativo de
académicos e investigadores de las ciencias de la comunicación,
quienes precisamente habían asistido a la referida asamblea del
CONEICC. Los resultados de la pregunta relativa a la calidad de
los planes de estudios fueron los siguientes:
|
Los planes de
estudio de las carreras de comunicación proporcionan
|
|
| Una regular preparación |
37% |
| Una preparación mínima |
36% |
| Una preparación completa |
15% |
| Muchos elementos teóricos
por complementar |
6% |
| No contestó |
6% |
Fuente: Bertha Hernández y Juan Antonio
Barrera: "Investigación y docencia en comunicación: aquí tampoco
las cosas son fáciles". En Revista Mexicana de Comunicación.
Número 14. Noviembre-diciembre de 1990, página 24.
El 79% de los académicos e investigadores
que fueron encuestados por la Unidad de Opinión Pública de la Revista
Mexicana de Comunicación expresó que los programas de estudio
de las carreras de comunicación proporcionaban una cuestionable
preparación.
De acuerdo con el investigador Daniel
Prieto Castillo -citado por el investigador Marcelino Bisbal- en
1993 el número estimado de estudiantes de la licenciatura en ciencias
de la comunicación en América Latina ya ascendía a 150 mil. Con
respecto a la indiscriminada apertura de escuelas en las cuales
empezó a impartirse la licenciatura en ciencias de la comunicación,
Daniel Prieto afirma:
"(...) no puedo menos que aterrarme
ante la fundación vertiginosa de escuelas y facultades de comunicación
(...) Esta proliferación de escuelas me parece una improvisación
violentísima que causa daño. Pienso que hay mucha gente que aprovechando
el boom, el interés de los estudiantes. Se calcula que hay 150
mil estudiantes de comunicación en América Latina, y tal parece
que no es mal negocio. No dudo que haya gente honesta, no quiero
crucificar a nadie, pero de repente en un año nacen tres, cuatro,
cinco escuelas de comunicación y uno no sabe cómo nacen. Se crean
con cuatro improvisados que juntan unos cuantos planes de estudio,
sacan una materia de aquí y otra de allá y se instalan en un local
al que hay que entrar de perfil y hablar con la boca torcida porque
si hablas de frente no cabes". (Bisbal, 2001:16)
En México, y en realidad en la mayor
parte de América Latina, la licenciatura en ciencias de la comunicación
y los programas de posgrado que se desprenden de ésta enfrentan
una delicada crisis, la cual pocos académicos e investigadores de
la comunicación en la región se atreven a reconocer en su profundidad
y en sus verdaderos alcances. Hasta la fecha, afirma el destacado
investigador Enrique Sánchez Ruiz, no disponemos de un marco disciplinario
que permita afirmar la existencia de las ciencias de la comunicación,
a pesar de la proliferación de una multiplicidad de teorías. En
la mayoría de las escuelas de comunicación en México, en realidad
lo que se enseña son técnicas de intervención comunicacional:
"(...) es casi un lugar común, por
lo menos en México, que lo que se enseña en las escuelas de comunicación
suele no tener mucha relación directa con lo que se investiga
en el campo (ni viceversa). Se habla, pues, de una desarticulación
múltiple que incluye, además de la enseñanza y la investigación,
los campos profesionales -de hecho, también diversos- de los comunicadores.
De todo lo anterior se derivan una primera serie de retos fundamentales
para quienes poblamos este campo sociocultural de la comunicación.
Uno es reconocer, y asumir como reto, que no tenemos ni hemos
tenido un campo disciplinar propio, sino un dominio de estudio,
más o menos común, alrededor del cual se ha conformado nuestro
campo sociocultural. Y dos, que tal dominio ha sido, es y probablemente
tendrá que seguir siendo, una encrucijada Inter. Y transdisciplinaria,
dentro de las ciencias sociales y humanidades" (Sánchez Ruiz,
1997: 6).
Al margen de las adversidades que enfrentaban
los egresados de las licenciaturas en ciencias de la comunicación
o carreras afines para poder incorporarse al mercado profesional,
durante la década de 1990 de nueva cuenta se registró un significativo
incremento en el número de escuelas y universidades en México que
empezaron a impartir la licenciatura en ciencias de la comunicación
o carreras afines, en condiciones similares a las ya descritas por
el destacado investigador Daniel Prieto.
Al respecto, Claudia Benassini Félix,
reconocida investigadora de la Universidad Iberoamericana, estimaba
que en México, en el año 2001, por lo menos 190 escuelas y universidades
ya impartían la licenciatura en ciencias de la comunicación o algunas
carreras afines. Como algunas instituciones no se limitan a impartir
la licenciatura en ciencias de la comunicación y simultáneamente
ofrecen algunas carreras afines, como periodismo, publicidad, fotografía
o relaciones públicas -entre otras-, el total de escuelas y universidades
en las cuales se imparte la licenciatura en ciencias de la comunicación,
carreras afines o programas de posgrado, ascendía a poco más de
250. Entonces el total de estudiantes de la licenciatura en ciencias
de la comunicación se estimaba en 50,000, y de acuerdo con las estadísticas
relativas a la demanda nacional de educación profesional, esta carrera
ocupaba el octavo lugar. Claudia Benassini (2001: 46) concluye:
"Los datos hasta aquí resumidos cobran
relevancia nuevamente a la luz de los planes de estudio. La mayoría
de las escuelas de comunicación y afines continúa privilegiando
los campos tradicionales para el ejercicio de la profesión, a
pesar de que la mayoría están saturados. En consecuencia los egresados
han visto disminuidas sus oportunidades de empleo o bien, los
espacios considerados como nuevos en su momento -y muchas veces
los tradicionales- se ocupan de manera creciente por egresados
de Licenciaturas a veces afines y a veces incompatibles a primer
vista, a la vez que comienzan a aparecer egresados de Licenciaturas
de más reciente expansión -como Relaciones Internacionales- que
también compiten con los comunicadores en diversos campos profesionales.
En este sentido, al menos en una gran parte del país los empleadores
continúan con la tendencia a ubicar a los comunicólogos trabajando
en los medios -en el mejor de los casos en la publicidad- y no
lo identifican trabajando en una empresa, sea cual sea su carácter.
Aunado a este panorama, es creciente el número de empleadores
que, conociendo las características y la formación del comunicador,
reconocen que no está dotado de los conocimientos, competencias
y habilidades requeridas para formar parte de su empresa, por
lo que prefieren contratar a egresados de otras Licenciaturas".
En los años recientes, destacados académicos
e investigadores de la comunicación en México han empezado a realizar
las funciones de consultores en aspectos estratégicos de comunicación
para algunos organismos o dependencias gubernamentales, y también
han empezado a desempeñarse como asesores de destacados funcionarios
públicos.
Beatriz Solís se desempeña como asesora
de Javier Corral, senador por el estado de Chihuahua y quien además
funge como presidente de la Comisión de Comunicaciones y Transportes
del Senado de la República. Durante los tres últimos años de gobierno
del presidente Ernesto Zedillo (1997-2000), Javier Corral se desempeñó
como diputado federal. Beatriz Solís participó intensamente en las
discusiones relativas a la reglamentación del derecho a la información
en el gobierno de José López Portillo (1976-1982) e insistentemente
ha pugnando por cambiar los modelos de desarrollo de la radio y
la televisión en México, además de incorporar la figura del ombusman
de la comunicación en el gobierno. El doctor Javier Esteinou Madrid
-destacado investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana
Unidad Xochimilco- y sin duda alguna el más prolífico investigador
de la comunicación en México, actualmente se desempeña como asesor
en el Canal Legislativo del Congreso de la Unión. La doctora Fátima
Fernández -investigadora de la UNAM- actualmente asesora a José
Luis Durán Reveles, subsecretario de Gobernación. El doctor Carlos
Fernández Collado, ex rector de la Universidad de Celaya, durante
la presente administración se ha desempeñado como responsable de
la Dirección de Radio, Televisión y Cinematografía de la Secretaría
de Gobernación; secretario particular de la señora Marta Sahagún
-esposa del presidente Vicente Fox-; y durante los primeros días
del año en curso, el destacado especialista en comunicación organizacional
-quien como pocos académicos e investigadores de la comunicación
en Iberoamérica conocen la obra de Marshall McLuhan- ingresó a la
Dirección General de Comunicación Social de la Presidencia de la
República.
La incursión de tan destacados académicos
e investigadores de la comunicación, en áreas estratégicas de comunicación
social del actual gobierno, sin duda alguna admite ser considerada
como positiva. De su adecuado desempeño profesional en el sector
público en buena medida dependerá la credibilidad y utilidad práctica
que se conceda a los licenciados en ciencias de la comunicación
en los próximos años. Los retos que ellos habrán de enfrentar de
ninguna manera resultarán sencillos. Durante el gobierno de José
López Portillo, algunos de los referidos investigadores -particularmente
Beatriz Solís, Fátima Fernández y Javier Esteinou- participaron
activamente en las mesas de discusión sobre la reglamentación al
derecho a la información, pronunciándose a favor de ésta. Hoy nuevamente
se ventila la posibilidad de reglamentar el derecho a la información,
y los concesionarios de la radio y televisión de ninguna manera
pretenden perder los privilegios adquiridos en los tiempos de la
"presidencia imperial".
2 El dulce encanto de
las sirenas
"Cuando Zaratustra llegó a la primera
ciudad que se alzaba al borde del bosque, encontró en la plaza
a un gran gentío que se había reunido para presenciar la actuación
de un volatinero. Y Zaratustra se dirigió a la gente diciendo:
Yo os muestro al superhombre. El hombre es algo que hay que superar.
¿Qué habéis hecho para superarlo?
Federico Nietzsche. Así
habló Zaratustra
2.1 Las Relaciones Públicas8
Las relaciones públicas, como reconocen
sus principales teóricos, son una disciplina que todavía se encuentra
en proceso de formación9 y aún se debate si admiten ser consideradas como una
disciplina subordinada a las ciencias de la comunicación o si son
susceptibles de interpretarse como una disciplina autónoma e independiente.
Algunos profesionales de las relaciones
públicas afirman -no sin cierta ironía- que las relaciones públicas
en México admiten ser consideradas como una especie de disciplina
"surrealista", pues primero es indispensable establecer qué no son
para entonces proceder a definirlas. A tal confusión sin duda alguna
contribuyen los "anuncios clasificados" que todos los días se publican
en los principales periódicos nacionales, en los cuales se solicitan
"bellas jóvenes para realizar actividades de relaciones públicas"
-en el mejor de los casos, en realidad tales empleadores desean
contratar los servicios de edecanes-. También es frecuente encontrar
aquellos anuncios en los cuales se solicita "personal de ambos sexos"
para realizar actividades de relaciones públicas, el cual finalmente
será canalizado a áreas como ventas, promoción o telemarketing.
Por todo lo anterior, es posible afirmar
que las relaciones públicas son una de las profesiones más difamadas
en México. Sin embargo, en los años recientes, los profesionales
de las relaciones públicas paulatinamente se han encargado de despejar
los negativos estereotipos que prevalecían sobre su trabajo, entre
los cuales es posible mencionar los siguientes:
- Las relaciones públicas cumplen una
función "cosmética" y de ninguna manera admiten ser consideradas
como prioritarias para el desarrollo de las organizaciones.
- Representan un gasto superfluo.
- Son un lujo que sólo las grandes
empresas y corporaciones pueden darse.
- Se trata de un sofisticado instrumento
de manipulación que permite presentar, con "gente bonita", una
atractiva imagen de las empresas.
- Son una actividad frívola y superficial
que bien puede postergarse para esperar a que efectivamente lleguen
los tiempos de prosperidad para la empresa.
- Se trata de una actividad que sólo
deben realizar las empresas, y no otras instituciones, como sindicatos,
partidos políticos, organismos no gubernamentales e inclusive
gobiernos. Se ve muy mal cuando lo hacen.
- Sin relaciones públicas una organización
perfectamente puede trabajar con el mismo nivel de eficiencia.
- Las relaciones públicas son el departamento
de quejas, pero con un nombre sofisticado.
- Es el área dedicada a consentir a
los periodistas "influyentes" que solicitan información sobre
la empresa.
- Es el área encargada de enviar flores
y telegramas de felicitación, publicar esquelas y organizar los
eventos especiales.
Los primeros antecedentes del ejercicio
profesional de las relaciones públicas en México admiten ubicarse
en el año de 1949, cuando Federico Sánchez Fogarty abrió la primera
agencia de relaciones públicas -la Agencia Mexicana de Relaciones
Públicas-. Sánchez Fogarty fue un entusiasta promotor de las relaciones
públicas en México. Su contribución sin duda alguna fue definitiva
en la fundación de la Asociación Mexicana de Profesionales de Relaciones
Públicas, la cual después de fusionarse con otros organismos derivó
en la Asociación Mexicana de Relaciones Públicas (AMRP).
En 1978, mientras se realizaban las
audiencias públicas sobre la reglamentación del derecho a la información,
las cuales generaron gran interés en la mayoría de los académicos
e investigadores de la comunicación, los profesionales de las relaciones
públicas de más de 70 países celebraron en la Ciudad de México,
por iniciativa de la Asociación Mexicana de Relaciones Públicas,
la Primera Asamblea Mundial de Relaciones Públicas. En ese evento
los participantes suscribieron "el Acuerdo de México", en el cual
fue definido el sentido que debe admitir el pertinente ejercicio
profesional de las relaciones públicas:
"El ejercicio profesional de las relaciones
públicas exige una acción planeada, con apoyo en la investigación,
en la comunicación sistemática y en la participación programada,
para elevar el nivel de entendimiento, solidaridad y colaboración
entre una entidad pública o privada y los grupos sociales a ella
vinculados, en un proceso de integración de intereses legítimos,
para promover su desarrollo recíproco y el de la comunidad a la
que pertenece".
Las diferencias que surgieron entre
los miembros de esa asociación, desafortunadamente paralizaron las
actividades que venía realizando la Asociación Mexicana de Relaciones
Públicas, la cual hoy sólo existe en el papel. En 1992 fue fundada
la Academia Mexicana de Relaciones Públicas. En 1995 ese organismo
adoptó una nueva denominación: Academia Nacional de Relaciones Públicas
y es una de las asociaciones que forman parte del Consejo Nacional
de la Publicidad. También en ese mismo año fue fundada la Asociación
Mexicana de Agencias Profesionales de Relaciones Públicas (PRORP).
En 1984 el Directorio de Agencias
y Anunciantes -publicación especializada que dos veces al año
edita la empresa Medios Publicitarios Mexicanos-, únicamente consignaba
la existencia de 10 agencias de relaciones públicas en México. A
partir de 1980 las principales agencias de relaciones públicas de
Estados Unidos empezaron a establecer sus respectivas filiales en
México, anticipando la posible formalización de un tratado de libre
comercio entre los gobiernos de Canadá, Estados Unidos y México,
el cual efectivamente se concretó y entró en vigor el primero de
enero de 1994.
La primera agencia estadounidense de
relaciones públicas que incursionó en el mercado mexicano fue Grupo
CGI, filial de Grey Inc, la cual en 1980 se asoció con la agencia
mexicana Alonso y Asociados, fundada en 1963 por Manuel Alonso Muñoz,
uno de los pioneros en el ejercicio profesional de las relaciones
públicas en México, y quien durante el gobierno del presidente Miguel
de la Madrid Hurtado (1982-1988) se desempeñó como responsable de
la Dirección General de Comunicación Social de la Presidencia de
la República. La segunda agencia extranjera que estableció una representación
en México fue Burson Marsteller, filial de Young & Rubicam Inc.
Burson Marsteller primero se asoció con la agencia local Olmo Delta
y posteriormente la compró. La empresa Manning Selvage & Lee
se asoció con Silvia Pendás, reconocida profesional de las relacional
públicas, convirtiéndose en la tercera agencia extranjera de relaciones
públicas que se estableció en México. Fleishman-Hillard optó por
establecer una oficina propia. Edelman se asoció con la agencia
Comunicaciones Interamericanas, propiedad de Robert Benjamín y Robert
Prescott, y posteriormente compró esa agencia para establecer Edelman
México. Ketchum PR y Hill & Knowlton sostuvieron una breve alianza
con Bruno Newman. Porter-Novelli se asoció con la agencia local
Martec. Golin/Harris formalizó una alianza estratégica con Zimat,
una agencia local que principalmente se dedicaba a las comunicaciones.
De acuerdo con el reporte anual que
elabora la revista Adcebra, en el año 2000 las agencias de
relaciones públicas facturaron 474 millones de dólares. En el año
2001 ya operaban en México más de cincuenta agencias de relaciones
públicas, las cuales facturaron 600 millones de dólares, a pesar
de la aguda recesión que ese año enfrentó la economía mexicana.
La sostenida rentabilidad que en los
años recientes ha alcanzado la industria de las relaciones públicas
en México, sin duda alguna permite afirmar a las relaciones públicas
como uno de los sectores más prósperos y dinámicos en el desarrollo
de las profesiones asociadas a las ciencias de la comunicación en
México.
Según el licenciado Carlos Bonilla,
uno de los más destacados expertos en relaciones públicas en México,
actualmente en 36 escuelas o universidades de América Latina se
imparte la licenciatura en relaciones públicas o la correspondiente
especialidad. Además las relaciones públicas se han convertido en
la tercera área de especialidad más importante en las escuelas de
comunicación, después de periodismo y publicidad. En Estados Unidos
se han publicado más de 150 libros sobre el tema de las relaciones
públicas, algunos de los cuales cuentan con varias ediciones. En
América Latina sólo se han publicado unos 30 libros sobre el tema.
En Brasil se han editado 14 libros de autores brasileños, y en Europa
se estima un reducido número de títulos publicados sobre el tema.
Hoy el ejercicio profesional de las
relaciones públicas comprende, entre otras actividades, el cuidado
de la reputación corporativa, el desarrollo de la comunicación filantrópica,
el manejo de comunicación en situaciones de crisis, el cambio cultural
en la organización, la mercadotecnia social, el marketing político,
la ingeniería en imagen, las relaciones públicas digitales, el desarrollo
de programas de comunicación estratégica con públicos financieros,
estrategias de información y servicio postventa, el cabildeo, el
desarrollo de programas de relaciones públicas especializadas para
determinados sectores o industrias, como la químico-farmacéutica,
la industria de la informática, el manejo de conflictos sindicales,
el desarrollo de fusiones, etc.
De acuerdo con un sondeo que realizamos
con directivos de primer nivel de algunas de las principales agencias
de relaciones públicas en México, cuando en esas agencias contratan
personal, en primera instancia consideran a egresados de la licenciatura
en relaciones públicas, y en segundo término a egresados de cualquier
otra licenciatura -no necesariamente a egresados de la licenciatura
en ciencias de la comunicación-, destacando egresados de las licenciaturas
en relaciones internacionales, mercadotecnia, publicidad, comercio
internacional, administración, etc. Además las agencias de relaciones
públicas prefieren contratar a egresados de universidades privadas
"de prestigio".
2.2 La Comunicación Organizacional10
La Asociación Mexicana de Comunicadores
Organizacionales (AMCO) fue fundada en el año de 1973 como Asociación
Mexicana de Comunicaciones Internas (AMCI). Durante las décadas
de 1970 y 1980, en la AMCI participaron destacados comunicólogos
interesados en la comunicación organizacional o en las relaciones
públicas, entre los cuales es posible mencionar a Carlos Fernández
Collado, Roberto Hernández Sampieri, Pilar Baptista, Carlos Bonilla
y Abraham Nosnik -quien sin duda alguna admite ser considerado como
el más prolífico investigador de la comunicación organizacional
en México-. En esos días la prestigiada Escuela de Comunicación
de la Universidad Anáhuac ejercía una especie de supremacía sobre
la AMCI.
Ya avanzada la década de 1980, y con
motivo de una agitada elección en la cual se designaría a un nuevo
presidente de ese organismo, las evidentes diferencias que prevalecían
entre los comunicólogos interesados en el tema de la comunicación
organizacional y aquellos interesados en las relaciones públicas
se intensificaron, motivo por el cual los comunicólogos interesados
en el estudio de las relaciones públicas optaron por abandonar AMCI
para emprender, años después, la fundación de un organismo que efectivamente
respondiera a sus intereses profesionales.
En 1996 los miembros de AMCI decidieron
modificar el nombre de ese organismo y cambiaron la razón social,
adoptando en lo sucesivo el nombre de AMCO (Asociación Mexicana
de Comunicadores Organizacionales). Destacados profesionales de
la comunicación organizacional se han desempeñado como presidentes
de AMCO, como Salvador Sánchez, Serafina Llano y Alejandro Berrocali.
En 1996 fue publicado el estudio "Similitudes,
diferencias y perspectivas de la práctica de las relaciones públicas
en Canadá, Estados Unidos y México", el cual fue realizado por ZIMAT
/ Cinco, bajo la dirección del Licenciado Bruno Newman. Un año después
AMCO realizó un diagnóstico sobre el panorama laboral de los comunicadores
organizacionales en México, para identificar las posibles áreas
de oportunidad profesional. Los resultados del estudio fueron presentados
durante el Encuentro Anual de AMCO, en noviembre de 1997.
En el año 2000 la AMCO emprendió un
nuevo diagnóstico. El líder del proyecto fue el Licenciado Jesús
González Almaguer, actual Presidente de AMCO, quien egresó de la
Escuela Nacional de Estudios Profesionales de Acatlán (ENEP) y que
actualmente labora en la Universidad Anáhuac.
Los objetivos del referido estudio fueron
los siguientes:
- Definir el perfil demográfico de
los comunicadores organizacionales.
- Identificar qué puestos ocupan los
comunicadores organizacionales, el tipo de empresas en las cuales
trabajan y las tareas que desempeñan en éstas.
- Detectar qué necesidades tienen los
comunicadores organizacionales respecto a cualquier asociación
de profesionales y en específico sus expectativas sobre AMCO.
Se aplicaron entrevistas telefónicas
a la totalidad del público objetivo que estaba registrado en las
bases de datos de AMCO. Ese público objetivo se dividió en tres
grupos de interés: socios, exsocios y socios potenciales. El diagnóstico
comprendió la Ciudad de México, y los estados de Baja California,
Coahuila, Durango, Guanajuato, Jalisco, Morelos, Nuevo León, Puebla,
Querétaro, Tamaulipas, Veracruz.
La base de datos de la AMCO contenía
información de 293 personas de los tres grupos de interés. Sin embargo,
en el estudio sólo se manejó una muestra de 171 personas (66 socios,
35 ex-socios y 70 socios potenciales), es decir, del 58% del universo
inicial.
El instrumento para obtener información
fue diseñado a partir del estudio realizado en 1997. Se conservó
el formato de entrevista y fueron eliminadas algunas preguntas.
De esa forma el instrumento empleado comprendió 47 preguntas (28
abiertas y 19 cerradas). Las preguntas comprendieron los siguientes
temas:
- Datos de la empresa
- Datos del informante
- Datos del puesto
- Relación con asociaciones profesionales
- Conocimiento y percepción de AMCO
- Expectativas sobre AMCO
- Internet en las organizaciones
La conformación de la muestra quedó
de la siguiente manera:
|
Informantes
entrevistados
|
|
| Socios |
38 % |
| Ex socios |
24 % |
| Potenciales |
38% |
Estos son los resultaron que arrojó
la referida encuesta:
Datos de la empresa
|
Sector en el
cual se inscribe la organización en la que labora el informante
|
|
| Iniciativa privada |
92 % |
| Sector público |
8 % |
La mayoría de los entrevistados desempeña
sus labores en empresas de la iniciativa privada (92%).
|
Origen del capital
de la empresa u organización en la cual labora
|
|
| Nacional |
65% |
| Extranjero |
24% |
| Mixto |
11% |
La mayoría de las empresas en las cuales
laboran los entrevistados se dedica a la prestación de servicios
(45%). Sólo el 2% trabaja en el gobierno.
|
Tamaño de la
organización conforme al número de empleados
|
|
| De 1 a 10 |
11% |
| De 11 a 50 |
10% |
| De 51 a 100 |
4% |
| De 101 a 500 |
8% |
| De 501 a 1000 |
8% |
| De 1001 a 3000 |
23% |
| Más de 3000 |
35% |
El 58% de los entrevistados trabaja
en grandes empresas, las cuales dan empleo a más de 1,000 trabajadores.
Datos del informante
|
Sexo del informante
|
|
| Femenino |
51% |
| Masculino |
49% |
El género no representa una diferencia
significativa en el ejercicio profesional de la comunicación organizacional.
|
Edad
|
|
| De 22 a 25 |
15% |
| De 26 a 30 |
31% |
| De 31 a 35 |
21% |
| De 36 a 40 |
15% |
| De 46 a 50 |
5% |
| Más de 50 |
4% |
Prácticamente la mitad de los profesionales
de la comunicación organizacional que fueron encuestados (46%) son
menores de 30 años.
|
Escolaridad
del informante
|
|
| Sin licenciatura |
3% |
| Licenciatura no titulado |
5% |
| Licenciatura titulado |
60% |
| Posgrado |
32% |
El 60% de los encuestados realizó estudios
de licenciatura y se tituló. Además el 32% realizó estudios de posgrado.
|
Profesión del
informante
|
|
| Licenciatura en comunicación |
72% |
| Licenciatura en administración |
9% |
| Licenciatura en diseño |
3% |
| Licenciatura en Psicología |
2% |
| Licenciatura en sociología |
1% |
| Otras |
13% |
El 72% de los profesionales de la comunicación
organizacional que realizaron estudios universitarios estudió la
Licenciatura en Ciencias de la Comunicación o carreras afines.
|
Universidad
en la cual realizó sus estudios
|
|
| Universidad Iberoamericana
(privada) |
17% |
| Tecnológico de Monterrey
(privada) |
14% |
| UNAM (pública) |
14% |
| Universidad Anáhuac
(privada) |
11% |
| Universidad de la Comunicación
(privada) |
6% |
| Universidad Autónoma
Metropolitana (pública) |
2% |
| Universidad La Salle
(privada) |
2% |
| Otras |
23% |
La mayoría de los profesionales de la
comunicación organizacional que realizaron estudios universitarios
procede de instituciones privadas. El 17% estudió en la Universidad
Iberoamericana, la primera universidad que impartió la licenciatura
en ciencias de la comunicación en América Latina (1960), y también
la primera universidad en México que abrió un programa de posgrado
en comunicación (1976).
Sin considerar el descriptor "otras",
el porcentaje de entrevistados que realizó estudios profesionales
en alguna universidad pública asciende al 16%.
|
Años de experiencia
en el ejercicio profesional de la comunicación organizacional
|
|
| Ninguna experiencia |
7 |
| 1-5 años |
51 |
| 6-10 años |
24 |
| 11-15 años |
7 |
| 16-20 años |
4 |
| 21-25 años |
4 |
| Más de 25 |
3 |
El promedio de años de experiencia de
los entrevistados en el ejercicio profesional de la comunicación
organizacional es de 7.
|